Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, 1590- 1670. I

Elvira Q.

RembrantRembrandt es, sin duda, el pintor holandés más importante del siglo XVII. Mientras que la mayoría de artistas de su época se especializaron en un género concreto, él sobresalió en numerosos campos, y no solo como pintor, también como dibujante y grabador. El género del retrato fue uno de ellos y, a pesar de haber alcanzado al igual que en los otros el máximo nivel, nunca hasta ahora se había dedicado una exposición en exclusiva a su faceta como retratista.

Rembrant1El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta, que reúne una selección de retratos realizados durante su «siglo de oro», con la figura y la obra de Rembrandt como eje central. Una excepcional selección de casi un centenar de pinturas y grabados que incluye algunos de los mejores ejemplos, tanto de Rembrandt -39 en total- como de otros artistas de la época, para mostrar la gran variedad y extraordinaria calidad de su trabajo.

Rembrant2La muestra está comisariada por Norbert E. Middelkoop y cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid y el apoyo de JTI. Las obras proceden de museos y colecciones de todo el mundo, con préstamos destacados del Amsterdam Museum, el Rijksmuseum de Ámsterdam, el Metropolitan de Nueva York, la National Gallery de Washington y The National Gallery de Londres, buena parte de ellos nunca antes vistos en España y, en algún caso, que dejan su museo prácticamente por primera vez, como el retrato de un joven procedente del Nelson Atkins Museum de Kansas. Destaca también el conjunto de grabados procedentes de la Biblioteca Nacional de España.

Como otros retratistas en Ámsterdam, Rembrandt estuvo condicionado por un mercado sujeto a las leyes de la oferta y la demanda pero, a diferencia de los otros artistas, él no dejó que la opinión de sus clientes o de sus colegas pintores interfiriera con su propio arte no convencional. Presentar su obra en esta exposición junto a la de sus contemporáneos, a la luz de sus también extraordinarios logros, permite apreciar en su justo valor la verdadera aportación de Rembrandt al arte del retrato. Igualmente, cabe destacar que tanto la muestra como el catálogo que la acompaña recogen el resultado de investigaciones recientes que han arrojado nueva luz sobre el desarrollo del retrato en Ámsterdam y, en concreto, sobre la obra de Rembrandt.

La renovación de un género

Rembrant3Desde sus inicios en Ámsterdam a principios de la década de 1630, Rembrandt dio a sus modelos una libertad de movimiento poco usual. Como Frans Hals en Haarlem, Rembrandt abrió en Ámsterdam nuevos caminos, inmortalizando a sus clientes en poses dinámicas que sugerían interacción con el espectador e incorporando al género del retrato aspectos que había desarrollado ya en sus escenas mitológicas, religiosas o de historia, como las cualidades narrativas, el uso del claroscuro o la representación de las emociones humanas. A lo largo de los años se fue centrando cada vez más en los rasgos esenciales de sus modelos, en especial en los rostros. Sus pinceladas enérgicas y, especialmente en su última época, cargadas de materia pictórica han llevado a especular sobre los objetivos artísticos del pintor, que parecía estar más interesado en la representación de caracteres que en el parecido físico del retratado. En esta misteriosa cualidad radica el secreto de la atracción que ejercen hoy en día sus retratos, incluso 350 años más tarde, sobre el público que los observa.

Una variada clientela

Rembrant4Pero Rembrandt no estaba solo ni era un genio aislado. En Ámsterdam había un nutrido grupo de retratistas que respondía a una alta demanda del mercado. Su talento pudo florecer gracias al auge de  la economía holandesa, que enriqueció a muchas personas: antiguas familias de la ciudad, hábiles inmigrantes de otras localidades o países y, por supuesto, a la propia ciudad. Sus habitantes necesitaban viviendas adecuadas y las organizaciones cívicas, lugares de reunión representativos. De esta manera, los retratos se convirtieron en una necesidad para cualquiera que dispusiera de suficiente espacio en la pared y anhelara ser recordado.

En ellos aparecen matrimonios, artesanos trabajando, niños, eruditos, hombres de negocios de éxito y, por supuesto, los propios pintores. Un lugar especial lo ocupan los espectaculares retratos de grupo: familias, gobernantes – tanto hombres como mujeres-, miembros de la guardia cívica, cirujanos impartiendo su lección de anatomía… Todos ellos, en su conjunto, ofrecen la panorámica de una sociedad en la que los retratos servían como recuerdos de la virtud cívica y eran motivo de orgullo personal.

Rembrant5Antes de que Rembrandt irrumpiera en la escena artística de Ámsterdam, pintores de la talla de Cornelis Ketel, Cornelis van der Voort, Werner van den Valckert, Nicolaes Eliasz. Pickenoy y Thomas de Keyser fueron los primeros en beneficiarse de la creciente demanda de retratos que existió entre 1590 y 1630. Cuando Rembrandt fue invitado a la ciudad por el pintor y marchante Hendrick Uylenburgh, cuyo estudio de pintura dirigió hasta 1636, el joven artista de Leiden se convirtió en un competidor de peso. Bien relacionado, Uylenburgh le introdujo en los círculos sociales de la ciudad, lo que sin duda le permitió entrar en contacto con nuevos clientes y mecenas. Su matrimonio con Saskia Uylenburgh, prima del marchante, en 1634, supuso igualmente un importante ascenso en la escala social. En mayo de 1635 la pareja dejó el taller de Uylenburgh para ocupar una casa alquilada, donde el artista estableció su propio estudio. Rembrandt seguía experimentando y practicando con varios géneros y mostrando una gran diversidad de estilos. Fueron años de prosperidad económica que le permitieron comprar en 1639 una vivienda definitiva, actualmente sede del museo Rembrandthuis.

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Salas de exposiciones temporales, planta baja. Paseo del Prado, 8. Madrid. Del 18 de febrero al 24 de mayo de 2020.

 

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