Raoul Dufy

Elvira Q.

El Museo Thyssen-Bornemisza presenta la primera gran retrospectiva de Raoul Dufy desde la muestra celebrada en la Casa de las Alhajas en 1989. La exposición, con la colaboración de la Comunidad de Madrid, ofrece una visión de la trayectoria del artista francés a través de 93 piezas procedentes de colecciones privadas y museos como el Musée d´Art Moderne de la Ville de Paris, la National Gallery of Art de Washington, el Art Institute of Chicago, la Tate de Londres, y el préstamo excepcional de 36 obras del Centre Pompidou de París. Se trata de una selección de óleos principalmente, pero también dibujos, acuarelas y grabados, así como diseños en tela y cerámicas, realizados a lo largo de su extensa y prolífica carrera de algo más de medio siglo.

El comisario de la exposición, Juan Ángel López-Manzanares, conservador del Museo Thyssen- Bornemisza, propone un recorrido que se organiza cronológicamente, siguiendo la evolución de su pintura en cuatro apartados: sus primeros pasos (Del impresionismo al fauvismo); la época en la que bajo la influencia de Cézanne su pintura se acerca al cubismo (Periodo constructivo); sus creaciones vinculadas a la estampación de tejidos y ornamentación de cerámicas (Decoraciones); y, por último, su etapa de madurez (La luz de los colores).

La  exposición  arranca  con  las  bulliciosas escenas de muelles y mercados pintados en Normandía, y también en Marsella y Martigues con motivo de un viaje al Midi en 1903. En 1905, abandona esta temática y va aclarando progresivamente su paleta y soltando su trazo para representar escenas de ocio captadas a plena luz del día.

Aunque Dufy se reconoció heredero del impresionismo, pronto comprendió la necesidad de superarlo. Él mismo cuenta cómo mientras pintaba la playa de Sainte-Adresse advirtió la imposibilidad de capturar los continuos cambios de la luz: “ese método de calcar la naturaleza me llevaba hasta el infinito, hasta los meandros, hasta los detalles más menudos, los más fugaces. Y yo me quedaba fuera del cuadro”. Si Monet, Sisley o Pissarro habían intentado capturar en sus lienzos las impresiones de su retina, la nueva generación de artistas aspiraba a algo más que la mera satisfacción visual.

Del impresionismo al fauvismo

CasinoEn el Salon des Independants de 1905, Dufy queda impactado por los cuadros de Matisse. Este descubrimiento provoca un cambio de rumbo en su obra: “… el realismo impresionista perdió para mí todo su encanto al contemplar el milagro de la imaginación introducida en el dibujo y el color. Comprendí de repente la nueva mecánica de la pintura”. Durante el verano de 1906, hace suyo el lenguaje fauve. En sus vistas de la playa de Sainte- Adresse, así como del puerto y de las calles de El Havre engalanadas para el 14 de julio, Dufy abandona progresivamente la pincelada vibrante para fijar la luz en amplias zonas de color; la paleta es más intensa y las sombras negras han desaparecido, sustituidas por tonos azules y malvas. Ya no se trata de reproducir fielmente la realidad exterior, sino de crear una interpretación lírica de la naturaleza con la intención de despertar emociones a través del color.

Periodo constructivo

BarcosComo muchos artistas de su época, se sintió profundamente impresionado por los cuadros de Paul Cézanne que pudo contemplar en el Salon d´Automne y en la galería Bernheim-Jeune de París en 1907. La huella del maestro de Aix se aprecia en las líneas ortogonales y las formas simplificadas de Barcos y barcas,  Martigues  (1907-1908), así  como  en  los lienzos que pintó en el verano de 1908 en L´Estaque, junto a Georges Braque, que muestran una acusada geometrización de las formas, un cromatismo restringido y el empleo de la pincelada constructiva cézanniana. No obstante, a diferencia de Braque, Dufy no avanza en la senda del cubismo, sino que ensaya su propio lenguaje al tiempo que recupera su anterior interés por el color como se aprecia en una de las obras más destacadas de este periodo La gran bañista (1914).

En este apartado se muestran por primera vez los dibujos preparatorios, además de varios de los grabados, que Dufy realizó para ilustrar el Bestiario o Cortejo de Orfeo de Guillaume PavoRealApollinaire. Dufy se inspiró en obras medievales y renacentistas para crear una combinación de elementos paganos y cristianos. Dufy ya había destacado como grabador de madera con sus primeras xilografías de los años 1907-1908, técnica que a Apollinaire le parecía especialmente adecuada para acompañar a las cuartetas, quintillas y sextillas del  Bestiario, su primer libro de poesía. Con esta selección de dibujos inéditos del Centre Pompidou, el visitante podrá seguir el proceso de elaboración del libro, pero también acceder a la intimidad artística de un gran dibujante, con una admirable seguridad de trazo y facilidad decorativa.

Decoraciones

JarronSus trabajos de ilustración y grabado fueron la antesala de una nueva aventura creativa que tomaría forma cuando en 1909 entra en contacto con el modista Paul Poiret y, más tarde, al firmar un contrato con la empresa de textiles Bianchini-Férier, entre 1912 y 1928. El pintor encuentra en el diseño de tejidos una prolongación de sus experiencias con el grabado, así como un campo de libre experimentación con el color. A sus primeras composiciones vinculadas a sus grabados, le suceden diseños florales y de animales en los que se libera de su estética constructiva y se reencuentra con la fantasía decorativa innata a su temperamento.

Desde 1924 Dufy se interesa también por la cerámica. En colaboración con Llorens Artigas, decora jarrones y azulejos con sinuosas formas de bañistas, animales y conchas. En Jardines de salón –ideados junto a Artigas y al arquitecto catalán Nicolau María Rubió- realidad y ficción se conjugan en originales jardineras para bonsáis que evocan diversas tipologías de jardines occidentales tradicionales.

La luz de los colores

Tras la Primera Guerra Mundial, Dufy visita a menudo el sur de Francia. Imbuido por la naturaleza serena de la Provenza, trata de dotar a su obra de un nuevo equilibrio clásico. Además de las formas esculturales del paisaje, la luz del Mediterráneo es determinante en su pintura: “La luz fija del Mediterráneo lleva de manera natural a esa calma, a esa serenidad clásica, tan distinta de la fugacidad de los efectos que el Atlántico o el Canal de la Mancha confieren a los paisajes”.

Dufy  trata  entonces  de  encontrar  en  sus paisajes una síntesis entre la naturaleza y el disfrute de pintar al aire libre, por un lado, y el afán de encontrar un orden estrictamente plástico, vinculado a la labor reflexiva en el estudio, por otro. Para conseguirlo, somete a sus paisajes a una ordenación en bandas cromáticas, y organiza luces y sombras en base a la luz que emana de los propios colores: “Seguir la luz solar es perder el tiempo. La luz de la pintura es otra cosa, es una luz de distribución, de composición, una luz-color”. Además, sus experiencias con el grabado y la elaboración de gouaches para tejidos le llevan a independizar el color de figuras y objetos respecto a su contorno. La dualidad entre exterior e interior se puede apreciar en sus numerosas vistas de ventanas y balcones abiertos como Ventana abierta, Niza (1928), Ventana sobre la Promenade des Anglais, Niza (1938) y El estudio del Impasse Guelma (1935-1952). En ellas, Dufy sigue el ejemplo de Matisse estableciendo un complejo equilibrio entre la trasparencia ilusionista del cristal y la superficie opaca del cuadro.

Port au voilier, hommage ‡ Claude LorrainEl tiempo y su representación también están presentes. Para él, la pintura debe representar no  solo  lo  visible,  sino  también  recuerdos, tradiciones y vivencias vinculadas a un lugar determinado. Así, en sus representaciones del mundo moderno incluye elementos alegóricos, mitológicos o construcciones del mundo clásico. Es el caso del Puerto con velero. Homenaje a Claudio de Lorena (1935) en el que representa el Coliseo al borde de un idealizado puerto que recuerda tanto a Marsella como a los paisajes del pintor francés del XVII.

ViolinEn sus últimos años de vida Dufy dedica gran parte de su producción, de carácter más intimista, a la música. El ambiente musical de su infancia en El Havre explica su amor sin reservas por esta disciplina que le lleva a buscar, a lo largo de toda su carrera, equivalencias plásticas para las sonoridades musicales. Es el caso de Naturaleza muerta con violín. Homenaje a Bach, (1952) donde Dufy se sirve de un trazo sinuoso -que tiene mucho de notación musical- y de la fuerza del rojo para evocar el sonido de este instrumento.

El negro alcanza un mayor protagonismo en sus cuadros tardíos de corridas de toros y, sobre todo, en  su  serie El carguero negro. Este motivo, presente desde 1925, vuelve en una serie desarrollada entre 1946 y 1953, donde recurre de nuevo al negro para representar la máxima luminosidad. Si bien Dufy no quiso convertir su pintura en expresión de sus sentimientos personales,  esta  serie  puede  ser  interpretada como el presentimiento de su muerte cercana.Carguero

Museo Thyssen-Bornemisza. Paseo del Prado 8. 28014 Madrid.

Del 17 de febrero al 17 de mayo de 2015.

 

1 Comentario en Raoul Dufy

  1. Gracias por exponer este tema tan valioso. Estoy segura que servirá a muchas personas en todo el mundo.

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