Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica

Elvira Q.

En 2017 se cumplen 80 años de la creación de Guernica y 25 desde que llegara al Museo Reina Sofía, motivos por los que se organiza la muestra Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica. En ella se aborda la visión que proyectó Picasso sobre la guerra moderna –guerra desde el aire, muerte en la distancia, cuyo objetivo era la destrucción de poblaciones enteras– así como la singular iconografía de agonía, perplejidad y horror que este tipo de violencia trae consigo.

Pablo Picasso. Guernica, 1937. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2017

Pablo Picasso. Guernica, 1937. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2017

Fotografía del Pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París de 1937. Archivo fotográfico del Centro de Documentación. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Fotografía del Pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París de 1937. Archivo fotográfico del Centro de Documentación. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Cuando a principios de 1937 Pablo Picasso (Málaga, España, 1881 – Mougins, Francia, 1973) recibió el encargo de pintar un cuadro para el Pabellón Español, contestó a los delegados de la República que no estaba seguro de poder ofrecerles lo que querían. Hasta entonces, el mundo de su arte había sido fundamentalmente íntimo y personal, estaba limitado por las paredes y las ventanas de un cuarto; casi nunca se había referido a la esfera pública y mucho menos a acontecimientos políticos; desde 1925, su producción se había acercado con frecuencia, claustrofóbicamente, a la pesadilla o la monstruosidad. Sin embargo, el cuadro que acabó creando para la República hablaba con elocuencia de las nuevas realidades bélicas. Y la escena de sufrimiento y desorientación que nos mostró ha perdurado, como emblema de la condición moderna, a lo largo de ocho décadas. Guernica se ha convertido en la escena trágica de nuestra cultura.

Dora Maar. Picasso trabajando en el Guernica en su taller de Grands Agustins. Paris 1937. Gelatinobromuro de plata sobre papel. 20,7x20cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ©Dora Maar, VEGAP, Madrid, 2017

Dora Maar. Picasso trabajando en el Guernica en su taller de Grands Agustins. Paris 1937. Gelatinobromuro de plata sobre papel. 20,7x20cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ©Dora Maar, VEGAP, Madrid, 2017

Picasso comenzó a trabajar en los bocetos del Guernica el 1 de mayo de 1937. Dora Maar acudió a su taller en la Rue des Grands-Augustins para hacer un registro fotográfico de todo el proceso creativo desde el 11 de mayo hasta el 4 de junio de 1937. Varias personas del entorno de Picasso intuyeron la importancia de la obra y Christian Zervos, fundador de Cahiers d’art en 1926, solicitó a Dora Maar que documentara el progreso de la pintura. Picasso había expresado tiempo antes que «sería interesante fijar fotográficamente no las etapas de una pintura sino sus metamorfosis», aludiendo casi a los vínculos surrealistas de la imagen múltiple y en transformación biomórfica. Dichas metamorfosis fueron las que Dora Maar registró con su cámara. El Museo Reina Sofía conserva un total de veintiocho fotografías que muestran las diferentes fases de ejecución del cuadro. En las fases iniciales, hechas con dibujo de contorno, aparecen ya las figuras principales: la madre con el niño muerto, el toro, el caballo, el guerrero derribado, el personaje que sostiene una luz y la figura con los brazos alzados. Muestran cómo, progresivamente, Picasso fue corrigiendo las posturas de los personajes y eliminando elementos para dar mayor claridad a la composición. En las últimas fases, los planos se fueron rellenando, el sentido narrativo inicial se perdió, y el peso simbólico se repartió entre los personajes protagonistas.

¿Existe una continuidad entre Guernica y la visión de la humanidad, extraña y con frecuencia angustiada, que Picasso había desplegado a lo largo de la década anterior? ¿Cómo afectó el característico conjunto de preocupaciones del artista, cuya oscuridad por momentos parece llegar a la desesperación, al cuadro definitivo de mujeres y animales en pleno sufrimiento?

Dora Maar. Reportaje sobre la evolución del Guernica. Taller de Picasso en Grands Agustins. Paris 1937. Gelatinobromuro de plata sobre papel. 18x24cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ©Dora Maar, VEGAP, Madrid, 2017

Dora Maar. Reportaje sobre la evolución del Guernica. Taller de Picasso en Grands Agustins. Paris 1937. Gelatinobromuro de plata sobre papel. 18x24cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ©Dora Maar, VEGAP, Madrid, 2017

Un escritor dijo en referencia a Guernica que, en él, el mundo moderno se había “transformado en un cuarto amueblado en el que todos, gesticulando, aguardamos la muerte”. Desde 1937, la imagen de terror del cuadro ha resultado indispensable, puede que incluso catártica, para varias generaciones de todo el mundo. Esta exposición se plantea por qué. Está claro que el tratamiento épico y compasivo de la violencia que vemos en Guernica va más allá de la peligrosa fascinación por ese tema que había caracterizado gran parte de la obra picassiana de finales de los años veinte y principios de los treinta, pero ¿habría sido posible el mural sin esa fijación anterior? ¿No es la violencia, muy a menudo, “fascinante” además de repulsiva? ¿Cómo la representa un artista sin dejarse conquistar? ¿Qué implica (psicológica, estéticamente) dar forma pública al terror?

 

En la exposición se presentan cerca de 180 obras del pintor malagueño procedentes de los fondos del Museo Reina Sofía y de más de 30 instituciones de todo el mundo, como el Musée Picasso y el Centre Georges Pompidou, de París, la Tate Modern de Londres, el MoMA y el Metropolitan Museum, de Nueva York y se centra en las raíces del imaginario de Guernica que podemos encontrar en obras previas del pintor, realizadas en los años posteriores a 1925, donde ya aparecen escenas de acción frenética y extática, a menudo rodeadas de un halo de peligro, y que presentan situaciones de violencia explícita: bailes desaforados, feroces enfrentamientos entre el artista y la modelo, monstruosos forcejeos de índole sexual en la playa, o mujeres atrapadas en sillones con la boca abierta en un grito o rugido salvaje.

Museo Reina Sofía. Edificio Sabatini, Planta 2. Santa Isabel 52. Madrid. Hasta el 4 septiembre de 2017.

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