Obras públicas

Jaime Fa de Lucas.

imagesLZYVMZ1TSi estás leyendo esto, y no perteneces a un jurado, es porque he ganado el concurso, estaba amañado. Times New Roman 12, doble espacio, márgenes en configuración estándar, cierto número de hojas… Sigue las reglas, construye un orden, una estructura y encaja tu relato dentro para que unas personas denominadas “autoridades literarias” separen lo bueno de lo malo, guillotinando los textos insípidos a su paladar, ignorando, al mismo tiempo, la relatividad de cada juicio. No les culpes, no leyeron a Nietzsche, más allá del bien y del mal, no conocen la esencia del yin y el yang, la armonía de contrarios, en su época todas las películas eran en blanco y negro, todavía están asimilando el mundo del color y sus variaciones. Amañar premios es una inmoralidad, faltan al respeto, a la verdad, premian obras teniendo en cuenta los beneficios personales, no su calidad, actúan como proxenetas y el arte es su puta. Yo les envié un jamón (es que soy de Jabugo, mi padre es criador de cerdos y nos sale muy económico) pero se lo tomaron como una ofensa y lo rechazaron, o al menos eso dijeron, nunca llegó de vuelta a casa. En general, no suelo participar en  ese tipo de cosas, sólo me interesa competir cuando sé que puedo ganar y en  esos concursos está todo preparado de antemano. “Adjúntales una pata de jamón de las de tu padre que total no te cuesta nada y verás cómo eso te da un empujoncito”. Mi madre siempre ha sido una gran impulsora de mi talento natural, recuerdo cuando era pequeño cómo me ayudaba a desarrollar mis cualidades artísticas dejando que pintara en las paredes de casa mientras mi padre gritaba: “¡este niño no hace más que pintar culos en la pared!” y mi madre que era un ángel corregía: “no son culos Jacinto, son corazones”. Anhelo esa carga estética que nacía de la interacción entre lo escatológico y lo emocional, esa simetría perfecta entre lo más vulgar y lo más elevado, las dos caras de una misma moneda que lanzada al azar dibujaba en su trayectoria infinitas posibilidades, pero que en su inevitable caída siempre respondía a una realidad bidimensional. El problema es que no quiero desperdiciar mi tiempo escribiendo algo que merezca ganar para que luego venga el sobrino del alcalde con un relato muy novedoso acerca de su abuelita y la guerra civil y se lleve la gloria. Es una cuestión de principios, una especie de ética artística, no me bajo los pantalones por nadie. Además, el que acaba perdiendo al final eres tú. Si verdaderamente no gana el mejor relato, no sólo vas a encontrarte con un texto mediocre, sino que vas a asumir que esa obra es de calidad y todos tus juicios posteriores van a estar influenciados por esa experiencia. ¿Qué hay del valor intrínseco de cada texto? “Tú envía ahí cualquier cosa que aunque no ganes te cuenta para el currículum”. Mi padre es una gran persona, pero le sacas de sus cerdos y sus gallinas y no se entera de nada. Siempre estuvo apegado a la tierra que lo vio nacer, no ha salido del pueblo en toda su vida, es un hombre que necesita muy poco para ser feliz. Yo estuve estudiando en Sevilla cómo construir carreteras y puentes, cómo conectar de la mejor forma posible dos puntos del espacio que están separados. Quizás tuve un trauma en la infancia con las carreteras, recuerdo que cada vez que íbamos a Huelva a ver a mis tíos lo pasaba fatal, estaba todo lleno de baches y curvas, de subidas y bajadas, sentía miedo, me ponía pálido y tenía sudores fríos, encima en la tele no hacían más que decir: “la cifra de víctimas mortales en la carretera ha aumentado un 22% este fin de semana” y lo acompañaban con imágenes de coches destrozados y personas tiradas en la carretera cubiertas con una sábana blanca. Quizás el sufrimiento de mi infancia orientó mis estudios, como si inconscientemente quisiera hacer mejores carreteras para que no murieran tantas personas. Aunque todos sabemos que no depende exclusivamente de la calidad de las carreteras, hay otros factores. Aquí se presenta un proceso que es la senda que lleva a ganar un concurso que en la mayoría de los casos, para la persona que no tiene amistades influyentes, no es una carretera asfaltada, sino un camino de piedras, donde el arte, cinturón de seguridad abrochado, acaba siempre muriendo. Y no se trata de ganar o perder, la verdad se encuentra justo en el punto medio, crear un texto, eso es lo que tiene valor. Participar en un concurso supone aceptar la tormenta de opuestos, “mi relato es bueno, mi relato es malo”, es un alejamiento de lo espiritual, un movimiento que va en contra de la verdad del universo donde nada está separado, todo es uno. La vida no merece ser vivida sin esa búsqueda del equilibrio y no voy a faltar a la verdad presentándome a un concurso. “Tranquilo que por participar no creo que pase nada, ni vas a traicionar tu filosofía, ni el universo te va a mirar mal”. Tampoco se dan cuenta de que está todo amañado y es una estupidez tener la mínima esperanza de lograr algo. Tengo que ganar como sea, me tengo que labrar un futuro como escritor y este puede ser el primer paso, un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para el futuro de la humanidad. Ganar me daría fuerzas para acabar la novela que he empezado, sin embargo, una derrota podría ser desastrosa, me empujaría hacia un agujero negro de destrucción desde el que tendría que cuestionar mi creatividad y mi capacidad literaria, la depresión me secuestraría y perdería amigos, novia y familia, sin solución, mis padres me internarían en un hospital psiquiátrico del que saldría al cabo de cuatro años con el título de Enfermo Mental No Gracias a la Medicación, como si de la Universidad se tratara, y habría perdido todo, pero encontraría un trabajo precario con el que subsistir hasta que la vena solidaria apareciera y me incitara a crear una institución para ayudar a los enfermos mentales COMO YO a ser menos enfermos mentales rechazando su peculiaridad conocida como “enfermedad”. Una vez tengas la estructura y el argumento, es preferible que el desarrollo sea lineal, facilita el trámite, ten por seguro que cuanto menos complicada sea la lectura, más fácil va a ser entenderla y declararte ganador, hay cierta necesidad de que el lector medio entienda el relato, es un premio público, no pueden arriesgarse, además, piensa que los miembros del jurado estarán entrados en años, no se van a sentir cómodos con algo más imprevisible, preferirán algo sobrio, nítido, sin revoluciones, antes que la locura que pueda salir de la cabeza de un joven. “Ni busques ni rebusques, olvídate de complejidades, escribe una historia sencilla y todo irá mejor”. Y si naturalmente no te sale escribir algo sencillo, ¿tienes que adaptar tu forma de escribir para ganar un premio?

Si estás leyendo esto y perteneces a un jurado es porque hay posibilidades de que gane el concurso, quién soy yo para decir que estaba amañado, de hecho, no creo que lo esté. Sáltate las reglas, mira de otra forma, no tienes por qué seguir los patrones convencionales, no subyugues la creatividad de otros, no te limites ni te dejes influenciar por lo que le gusta a la mayoría, sé tú mismo, juzga la obra de acuerdo a su valor real. “Por mucho negocio y mucho amiguismo que haya en el mundo literario, lo bueno al final siempre acaba saliendo a la luz”. Eso pensaba yo antes de presentarme a otros concursos, después, que todo estaba amañado, es imposible que un lector asiduo, de literatura, no de bestsellers, decidiera que el relato ganador fuera aquella basura. ¡IMPOSIBLE!. “Hijo, no te preocupes, aunque no ganes, algún día alguien leerá lo que escribes y le encantará”. Mi madre al rescate, el optimismo llevado al extremo. En realidad, eso me importa poco, yo quiero que se reconozca mi trabajo ahora, no cuando esté muerto. Pero… si soy un mensajero de las energías que me transmite el universo… no soy el creador. Si el texto no lo escribe el escritor sino el universo a través de él, cada uno de nosotros somos el universo, qué más da ganar o perder, salir a la luz o quedarse en la sombra, si el universo siempre prevalece, siempre va a disponer de vehículos que transmitan su mensaje. El gesto de presentarse a un concurso lo resume perfectamente la fábula en la que el ego cruza un bosque muy frondoso, vence a decenas de alimañas, serpientes, tigres, vaguería, sofá, videojuegosy llega hasta una cabaña, toca a la puerta, un jurado abre en batín, pijama y zapatillas de estar por casa, el ego pone cara de bueno, el jurado esboza una sonrisa y lanza una mirada de complicidad hacia atrás buscando a los otros jurados y dice: “mirad quién ha venido a por su galletita”. Mejor no participar en esta pantomima de los concursos, el universo nos enseña que el ego crea la ilusión de separación, lo que nos impide entender que tanto lo bueno como lo malo que hacemos a otros nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. Así, si me maltratas rechazando mi relato, al fin y al cabo te estás maltratando a ti mismo. Querido jurado: escribo para solicitar que me devuelvan el jamón que rechazaron. En caso de que no llegue en los próximos días, asumiré que lo han aceptado y por lo tanto, que me declararán ganador. Un profesor de mi Universidad era un apasionado de Heidegger, le nombraba constantemente. Recuerdo que se refirió a él cuando nos dijo que un puente no une dos orillas sino que las separa. “Al existir un elemento que conecte las dos orillas, la separación se materializa, se hace obvia, mientras que sin puente, ésta no existe”. Cuando salí del hospital psiquiátrico descubrí que, estuviera enfermo o sano, mis amigos y mi familia me seguirían apoyando. Hay que estar loco para que un concurso de relatos te lleve a quemar las casas del jurado. O no, para mí era una cuestión de vida o muerte. No gané, pero al final tampoco ganó nadie. Piensa que el que no crea muere, así decía Darwin. En nuestro tiempo la creatividad se desmarca del plano biológico para intentar alcanzar el fuego de los dioses. ¿Y quién dice si tienes aptitudes para ser el Prometeo de la modernidad?, el ojo crítico y la voz experta de un jurado. ¡¿Pero cómo no voy a ganar si les estoy sobornando poco a poco?! Me gusta el fuego, representa la chispa de la vida, el impulso vital, la espontaneidad, lo que surge de improviso, sin reflexión, por el mero hecho de existir. Nuestra casa del pueblo es muy grande, pero muy sencilla al mismo tiempo, tenemos una finca llena de animales y un huertito. No hay nada que hacer, es un sitio muy aburrido y el tiempo pesa mucho. Cuando estaba en Sevilla… eso sí que era disfrutar, cañas por aquí, tapas por allá, cine, teatro, museos, fiestas… cuantas más cosas haya, más calidad de vida. Un monje te diría que no, el mundo espiritual se lleva por dentro, el camino correcto depende del equilibrio y éste sólo se consigue mediante la paz interior. Cuantas menos interferencias entre tú y la naturaleza, mejor. Ser joven y vivir en un pueblo hace que tus neuronas se estanquen, necesitan estímulos. No estoy de acuerdo, los estímulos urbanos son perjudiciales para los jóvenes, cuanto más rústico es el entorno, más puro sale el chaval. “No tengas dudas, envíalo y a ver qué pasa, todos los escritores necesitan empezar de alguna forma”. Entonces tengo que ganar concursos literarios, pero participar me parece una vulgaridad. Si me alejo de la verdad primordial me acerco a la muerte y no quiero morir antes de empezar. “Nuestra profesión está infravalorada, la gente ve el puente y lo cruza, pero no son conscientes de todos los cálculos que hay detrás de su construcción y eso por no hablar de los pequeños detalles que lo convierten en una obra de arte, porque no todo es funcionalidad”. Después de una charla profunda con mi profesor de Teoría de Estructuras I, te aseguro que pensarás que la mejor película de Clint Eastwood es Los Puentes de Madison. Encuentra significado oculto en todas partes. ¿Te has dado cuenta de que el puente sirve para evitar el contacto con un flujo natural de agua? Es tan sencillo que no entiendo su profundidad. Si te metes en el río no sabes dónde puedes acabar, las gotas están desordenadas, pero su origen, su cauce y su final están claros. Debajo del puente que saluda a las dos orillas hay una concentración de naturaleza en su estado más caótico, ese punto representa el camino del centro, el equilibrio, el punto que todo ser humano, amamantado por dos pechos que  anuncian la dualidad, nunca alcanza. Y no es aleatorio que ese torrente de sabiduría espiritual fluya en perpendicular al puente, sin duda alguna, es obra del universo que con su pincel ha querido retratar la unión de lo humano y lo natural con una cruz, subrayando las diferencias, remarcando el conflicto, coloreando sutilmente la polaridad. Y tampoco es por azar que el final se encuentre tan cercano al centro.

Si no estás leyendo esto es porque no he presentado el relato al concurso, estaba amañado.

3 Comments en Obras públicas

  1. Por cierto…se siempre tu mismo. Asi eres perfecto!!!

  2. Porque no te planteas que, te cuesta esfuerzo escribir????
    Pero…no juzgues las obras de los demas como mediocres porque a ti no te va, por ahora, no tan requetebien. Todos queremos ser perfectos..

  3. Chapeau, muy bueno.

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