¡¡MOOONALISSAAA!!

Elena Baeza Berruti.

mona lisaHay muchos cuadros que me gustan, como por ejemplo los de Sorolla en la huerta valenciana o los realizados en las playas rocosas de Jávea. Otros podrían ser los patios con macetas de Mir, entre luces y sombras de un sol radiante. De Ghirlandaio, el Retrato de Giovanna Tornabuoni me encanta, y aún no sé por qué, pero siempre voy a ver ese cuadro en particular cuando me acerco al Thyssen.

El que quizá sea el cuadro más representativo de la humanidad, si supuestamente fuéramos de viaje más allá del sistema solar, y que me hipnotiza, es la conocidísima Gioconda de Leonardo da Vinci, también denominado Mona Lisa. ¡Me fascina!, ¡precisamente porque me resulta familiar!

Da Vinci tardó cuatro años en pintarlo –lo empezó en 1503–, claro que el maestro tardaba en realizar sus encargos, si es que los terminaba. El cuadro presenta una pincelada suavemente posada, más que aplicada, lentamente, con paciencia casi oriental, con un “sfumato” absolutamente envolvente –como si el personaje mismo fuera un alma velada– con un rostro que sugiere solo unas facciones –¿triangular?, ¿ovalado?, ¿cuadrado?, ¿redondo?–  al ojo, pero de proporciones perfectas. Nos sugiere uno de los enigmas de la pintura universal… siempre nos fijamos en su boca, pero son los ojos los que marcan la pauta –hay teorías médicas sobre la expresión de la boca, como la de que padecía bruxismo–, los ojos también dicen algo… Creo que lo más relevante es que no están mirando nada en concreto.

Es la mirada, posada involuntariamente en algún objeto del taller del pintor, para descansarla, mientras se rememora algo evidentemente placentero, que evoca esa sonrisa, esbozo de lo profundo de un sentimiento como aquel del que ama en la eternidad y es correspondido. La actitud relajada en un buen apoyo, de cabeza, cuello y hombros, me sugiere incluso un momento de descanso, que el artista ha captado como una especie de fotografía, sin que la protagonista se sintiera en absoluto observada. No se trataría de un “gesto para la historia”, ni dirigido a alguien en concreto, es un gesto al pensar algo que no es de nadie sino suyo. Por ello, en realidad, nunca sabremos lo que pasaba hace quinientos años por ésa, la que es hoy, archifamosa e ilustre cabecita. Cada cual que forme su propia teoría.

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