Memories

Elena Baeza Berruti.

Sobre la mesa de nuestro comedor preside un cuenco de cerámica de Talavera, de un ceramista renombrado que fue discípulo del insigne Ruiz de Luna (que dejó herederos de su arte a sus descendientes, como por ejemplo un bisnieto aquí en Madrid, etc.)

Este cuenco, esmaltado en blanco azulado y con dibujo chinesco de delicadas flores…lo tengo lleno de corchos de botellas: vinos, cavas, champañas, alguna minúscula mandarina, en recuerdo de esa tierra de azahar, y una granada seca en memoria de las que pacientemente desgranaba mi padre y endulzaba mi madre.10725

De este modo, solo recuerdo los brindis hechos por los seres queridos, los momentos malos superados, las penas abandonadas en el tiempo, los rencores despedazados…

Ese cuenco representa un “canto alla Vita” y se va llenando poco a poco.

Es como el Pan Ácimo que comían los Judíos en recuerdo de los tiempos pasados en el desierto en su búsqueda de la Tierra Prometida.

Ese cuenco es el testimonio de que el ánimo supera todo obstáculo y de que todo tiempo pasado pudo ser peor.

También me recuerda que en nuestra mesa todos hablan por igual, ninguna voz es más notoria que la del compañero de mesa, y que las copas se llenan por igual para todos, independientemente de su origen, raza o cultura.

Ese cuenco, lleno de corchos de botellas de vino, cava, champaña, blancos, rojos… estupendos o más sencillos…. me habla, me enseña y me guía…porque alrededor de un buen vino y de un rico queso con algo de Pan, basta para incubar la cordialidad, limar asperezas, descubrir que en el fondo todos queremos vivir en paz, amar (en sentido global) lo que nos dejen y lo que consigamos… y decir cada cual lo que le parezca, sin ofender al compañero…o …¡soñar!

 

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