Los sombreros sin dueño

Manolo Marcos.

La viola se ha roto,

llueve un lento desgarro por el aire, el sol

hiende en los cantiles del mundo un abismo

donde canta el coro de los desheredados.

Compás ciego, certero, silencioso

yo me aliso las plumas

con saliva de loco y me pliego en un llanto

de fragmentos vecinos, y me paso la escoba.

Por la raza que eructa en las panaderías,

por el monto siniestro de las cuencas vacías.

Ahí va el sombrero pensando, piedad,

en la rosa unánime, delantera, frontal,

y se ve que le duele la fiesta, la infección

del futuro a plazo fijo, y se ve que revienta

de pobre con lágrimas de tinta.

Que camina y confía en que aparezca un hombre con cabeza.

 

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