Los elementos

Elvira Q.

Jan Brueghel el viejo y Hendrick de Clerck, La abundancia y los Cuatro elementos, óleo sobre cobre, 1606. Madrid, Museo Nacional del Prado.

Jan Brueghel el viejo y Hendrick de Clerck, La abundancia y los Cuatro elementos, óleo sobre cobre, 1606. Madrid, Museo Nacional del Prado.

Los elementos, música de Antonio de Literes (Artá, Mallorca 1673- Madrid 1747)  y libreto de autor desconocido, supone la primera incursión del formato Teatro Musical de Cámara en el suntuoso mundo del barroco musical hispano. Con un elenco exclusivamente femenino y una orquesta de dimensiones reducidas –según convenciones de la época–, esta ópera fue compuesta en Madrid para celebrar el cumpleaños de la III duquesa de Medina de las Torres y Sanlúcar, cuyo nombre completo era doña María Ana Sinforosa Núñez Felípez de Guzmán y Vélez de Guevara (1683-1723). Probablemente, su esposo, don Juan Claros Pérez de Guzmán el Bueno (1642-1713), XI duque de Medina Sidonia, encargaría la pieza al músico mallorquín y en la privacidad de su palacio tuvo lugar el estreno alrededor de 1705.

Elementos3La finalidad encomiástica de esta obra moldeó su concepción. Una narración de dramaturgia estática que transmite, en sus alegorías, unos significados que sus contemporáneos percibían con una claridad poco evidente para el público actual. La lucha del sol para imponerse sobre la noche simbolizaba el triunfo del orden natural en el cosmos, pero también en la organización social de la época. Un mensaje que, en clave política, podía también interpretarse como la luz que Felipe V de Borbón traería frente al archiduque Carlos de Austria, en la Guerra de Sucesión que entonces se libraba en España.

En el argumento subyace el concepto filosófico de la concordia discors –según la formulación del poeta latino Horacio– de los elementos. Es decir, la idea según la cual, todo devenir en el universo resulta de su encontrarse y combinarse armónicamente los elementos, a pesar de sus naturalezas opuestas e incluso incompatibles.

Elementos4Los elementos se presenta explícitamente como una “ópera armónica al estilo italiano”, en ella confluyen la mejor tradición del verso hispano con las novedades italianas, materializadas en el uso de violines y la alternancia de recitativos y arias. Estos rasgos estilísticos se entendían como sinónimo de modernidad, algo que tampoco escaparía a sus primeros oyentes. La puesta en escena de esta nueva producción trae estos códigos alegóricos al presente, al tiempo que mantiene el mundo emblemático de la ópera barroca con los resultados propios del esplendor de esta etapa dorada de la música española.

En Los elementos es indudable el protagonismo de los cuatro elementos: Agua, Tierra, Aire y Fuego, sin embargo, el tema central de la obra es el advenimiento del Sol; de hecho, la obra se divide en tres partes: la noche, el comienzo del amanecer y la llegada del Sol.

Durante la noche, el mundo lamenta la ausencia del Sol, el Aire y la Tierra anuncian y anhelan la llegada del alba. Pronto se unen a ellos el Agua y el Fuego.  Pero los cuatro elementos pelean entre sí para presentarse como sustitutos de su poder. Esta batalla amenaza con aniquilar el mundo; se impone lograr un acuerdo. En ese momento, la Aurora se lamenta por tan triste contienda  y el Tiempo invita al mundo a suspirar por la ausencia del Sol.

Guido Reni, La Aurora, 1614 (fragmento), fresco en el Palacio Pallavicini-Rospigliosi de Roma

Guido Reni, La Aurora, 1614 (fragmento), fresco en el Palacio Pallavicini-Rospigliosi de Ro

En la segunda parte, ante esta situación, y desde su posición de juez indiferente a la lucha de los elementos, el Tiempo da paso a la Aurora y anuncia el retorno del Sol. Con el alborear del día, los cuatro elementos comienzan a recuperar la alegría y el entendimiento perdidos, al tiempo que muestran los beneficiosos efectos que sobre ellos tiene el retorno del Sol. Restablecida la armonía, y mientras el Sol fulgurante extiende sus áureos brazos por el horizonte, los cuatro elementos entonan loas al orden recobrado.

De hecho, podría decirse que lo único que realmente acontece en Los elementos es que surge el Sol, que con su aparición –presagiada, ansiada, anunciada y finalmente contemplada– restablece un orden roto en la inquietante y pavorosa oscuridad de la noche.

Filippo Pallota, Aclamación del rey nuestro señor don Phelipe V por la coronada villa de Madrid el día XXIV de noviembre de MDCC. Museo de Historia de Madrid, 09.638

Filippo Pallota, Aclamación del rey nuestro señor don Phelipe V por la coronada villa de Madrid el día XXIV de noviembre de MDCC. Museo de Historia de Madrid, 09.638

La temática del caos y oscuridad creados por el enfrentamiento de los elementos (aire, agua, fuego y tierra) y su armonización final por parte de una acción divina que preludia la creación del hombre aparece por primera vez en las Metamorfosis de Ovidio y supone, por tanto, un asunto especialmente apropiado para la celebración de nacimientos que, en la obra de Literes, simboliza el amanecer del primer día de la duquesa.

Los cuatro elementos eran fundamentales en la concepción del mundo medieval por su fácil adaptación al primer capítulo del Génesis. El establecimiento del equilibrio –o armonía– entre ellos podía identificarse con la acción de un dios creador que podía fácilmente representarse de forma metafórica a través de acontecimientos cósmicos como el amanecer y, por asociación, con el nacimiento de príncipes, héroes o, como en este caso, de altos representantes de la nobleza.

El contraste entre el horror de la noche tenebrosa y la apoteosis final de la luz solar, resuelto por Literes de manera magistral fue, sin duda, entendido por el público culto de la época como que la imagen del Sol era una alegoría de la figura triunfante de Felipe V de Borbón, el monarca que acabaría con la oscuridad de la guerra y reinaría sobre el caos, frente al archiduque Carlos de Austria en la Guerra de Sucesión que entonces se libraba en España.

Si en 1705 una persona culta podía interpretar el argumento de Los elementos en clave política, en 2018 podemos dotar de un nuevo sentido a la alegoría y favorecer una nueva interpretación en clave ecológica.

Arquitectura efímera para entrada real (c. 1700). Madrid, Biblioteca Nacional, DIB/18/1/8449

Arquitectura efímera para entrada real (c. 1700). Madrid, Biblioteca Nacional, DIB/18/1/8449

Los elementos describe el mundo como una “frondosa apacible estancia”, un “fértil albergue”: un auténtico ideal por el que luchar. Nos muestra un orden natural que en el siglo XVIII parecía eterno y que hoy sabemos que puede ser destruido por la acción del ser humano, capaz de convertir en locura la furia de los elementos y provocar sequías, inundaciones, desprendimientos de tierra, extinción de especies animales y vegetales, contaminación del aire, agua y suelo, incendios, calor, huracanes…

Fundación Juan March. Castelló 77. Madrid. Entrada gratuita. Se puede reservar por internet. Del 9 al 15 de a bril de 2018

Representaciones:

9 y 11 de abril, 19:30

14 y 15 de abril, 12:00

10, 12 y 16 de abril, 12:00 (funciones didácticas)

La función del día 11 se transmite en directo por Radio Clásica de RNE y en diferido por TVE.

La función del día 14 se transmite en diferido por Catalunya Música.

Las funciones de los días 11 y 15 se transmiten en vídeo (streaming) a través de www.march.es/directo

Coprodución de la Fundación Juan March y el Teatro de la Zarzuela.

 

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