Los abrazos de la Venus de Milo

Jaime Fa de Lucas.

         Su mandíbula reflexiona acerca de su áspero alimento. Mastican con muelas mamíferas los restos de un engranaje terrestre maltrecho. Toros embistiendo, alimentados por el planeta rojo, hacia tela indefensa disfraz rojo, anhelan fundirse con el color de la energía que les da vida. Espada detrás escondiimagesda, cuidado. «Me ha puesto los cuernos seguro». La eterna duda poligámica. Y luego me dice que me quiere. En mi planeta, la palabra no significa nada al lado del gesto. “Mi sorpresa es: verbalizar cualquier sorpresa con el fin de que tú decidas cuál es la sorpresa y así te resulte agradable, infravalorando el medio que lleva al fin llamado sorpresa”. Para mi cumpleaños no hubo sorpresa, sólo un “ya veremos” que desprendía un hedor ácido. Tu lengua en mi lengua un caramelo de limón pica-pica. Tu lengua en mi oreja sonando, los mismos cuatro acordes repetidos una y otra vez: pop comercial. Y es que es un “déjame hablar” tras otro, mientras su saliva emerge cual lava de un volcán, solidificando el flujo de cerumen que impide a los insectos dialogar dentro. Diminuta dimensión. Dime, ¿crees que todo esto sirve para algo?

        Salgo de la tarta en tanga en el ecuador de diciembre, de hilo rojo. ¡Feliz Navidad! Flores en mano no que las odias, bombones rellenos de incertidumbre. Perdón… ¡feliz cumpleaños! Tus amigas, muchachas, empuñan las cucharas y ejecutan la pincelada del Magritte más desnutrido. ¡Se ruega a las jovencitas ir a por la nata! Sonríes color carne, coméis tarta, “está muy rica”, me visto y como tarta. A falta de una verdadera actividad musical, pop español de salvapantallas. Jijijí jajajá, los ingleses lo llamarían small talk, tradúcelo tú. El ambiente se ocreíza (que no Oteiza) y el cuadro se vuelve serio, cambio de autor: de Chirico. Empiezan las miradas de ángulo inseguro, las sonrisas de labio, las consultas al reloj… la gente empieza a marcharse. “Hasta luego, ciao”. Comienza a sonar la orquesta de órganos primitivos bajo la dirección del Peine del Viento. Suena un doble clic y la webcam absorbe. Las redes sociales ponen pancartas. Enfoque mental versus gemido: “no me toques las tetas que me desconcentras”. Latidos de colchón, muelles y codos, color gris materia. «Caminando por un alambre sólo se avanza en fila india, si somos dos». El resto es manzana, en paseo marítimo, tapando rostro de hombre en traje. Las sábanas traspasan el papel, en cordillera, picos imitan a pelos, me pinchan cual uñas sin limar. Su piel conjuga verbos mientras los míos duermen, boca abajo, con ojos de murciélago y grandes alas, visitando las noches como letras negras sobre fondo oscuro, estrellas invisibles. Menos cháchara y más turrón, navideño, y no dejan de ser palabras, frías, por estas fechas. “¡Ohhh!” exclama, grita, gime, ella. Su cerebro da la orden de que se estremezca de placer, su cuerpo, de forma inconsciente. Tras el éxtasis, ella se transforma en piedra. He aquí el origen de la famosa leyenda de los abrazos de la Venus de Milo.

        Los abrazos de la Venus de Milo:

1 Comentario en Los abrazos de la Venus de Milo

  1. Después de leer estas líneas me han surgido un montón de preguntas. Con este post ha nacido en mí más interés del que tenía antes de leerlo.

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