Josef Albers: medios mínimos, efecto máximo

Josef Albers. Estudio para una variante. 1947

Elena Baeza Berruti.

Este alemán que fue “transterrado” a EEUU, como cita José Francisco Ivars en el cuadernillo editado por la Fundación, y que se hizo norteamericano, que enseñó en el mítico Black Mountain College a partir de los ’50 y en Yale más tarde, formó parte de la Bauhaus de Weimar y de Dessau, primero como alumno y después como profesor (1920-1933).

Definitivamente, según su propia directriz, consiguió con su obra “obtener el máximo efecto con el mínimo de medios” y recuperar el oficio del arte como trabajo. El minimalismo de su obra se debe a la idea de que “el arte permite distribuir las posesiones materiales, pero no reduciéndolas, sino multiplicándolas”, como la distribución de los panes y los peces en el Nuevo Testamento. Era una forma de democratizar el arte, aprendida en la escuela de Weimar y Dessau, a la que las fuerzas políticas emergentes en la segunda y tercera décadas del siglo XX se oponía, por considerarlas ideas demasiado “sociales o bondadosas”, según colijo desde la perspectiva de lo que después pasó.

Josef Albers. Estudio para una variante. 1947

Josef Albers. Estudio para una variante. 1947

De hecho hay un cuadro de vidrio al principio de la exposición, hecho con cuadraditos de varios colores, enrejados en alambre e iluminado por dentro que atrae poderosamente mi mirada, ya que el autor saca todo el partido estético con muy pocos recursos y mucho trabajo. El cuadrado, presente en toda la muestra como economización de líneas rectas. Lo mínimo es lo máximo incluso para evocar sentimientos, sensaciones a partir de diferentes combinaciones de colores. Unas veces cálidos como el sol, otras fríos, en azules, como el mar en día de tormenta.

Con combinaciones de ese tipo se desarrolla toda una serie, como si se tratara de variaciones matemáticas perfectas que se convirtieran en un movimiento anímico, incluso que conmueve. Los colores escuetamente elegidos. La sorpresa y la mirada descansadas en la visión de esos cuadrados. Indudablemente una idea, no solo vanguardista para aquellos años, además rompedora en la forma de ver las cosas, de enfrentarse a una realidad que tiene pocos colores y formas, como ha de ser una Verdad, que es lo que es, se mire por donde se mire, es igual para todos.

Josef Albers, su obra, elegante y evolucionada (aún hoy evoluciona, si nosotros evolucionamos) está vigente, como el primer día en que se vio algo así. La capacidad de innovación que supuso en su día se ve fresca y yo pienso que “misteriosamente inacabada” porque me da la impresión de que Josef Albers va a seguir su investigación, con su saber hacer, con oficio, como él decía… como si fuera a nacer de nuevo, pero en un tiempo para no sufrir.

*Fundación Juan March. Calle Claudio Coello 77, Madrid. Exposición de Josef Albers, del 28 de marzo al 6 de julio de 2014.

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