Francis Bacon. La cuestión del dibujo

Elvira Q.

Papa, 1989

Papa, 1989

El pintor irlandés Francis Bacon (Dublín, Irlanda, 1909), destacada figura del arte de posguerra y del arte neofigurativo, fallecía en Madrid, ciudad a la que estuvo muy vinculado, hace 25 años.

Fue un artista oscuro, bebedor empedernido, obsesivo y de ojos inquisitivos, coincidiendo con el estreno del documental de la BBC Francis Bacon: a brush with violence, se sigue venerando a este “complejo” pintor en todo el mundo. Un artista autodidacta y surrealista; el más ruidoso, rudo y buscado del siglo XX.

Durante años se ha creído que Francis Bacon no dibujaba, como él mismo afirmó en varias ocasiones, algo que ayudó a crear su imagen, tan eficaz comercialmente, de genio inspirado.  Sin embargo, desde su fallecimiento en 1992, varias evidencias han desmentido tal conclusión, descubriendo que Bacon no solo dibujaba, sino que lo hacía prolíficamente y con la misma maestría con la que pintaba.

Cabeza, 1988

Cabeza, 1988

El pintor por ser pintor, ¿tiene necesariamente que saber dibujar? Es la pregunta que subyace a la exposición Francis Bacon. La cuestión del dibujo.

Parte de la crítica cree que el artista irlandés no sabía hacerlo, pero tampoco estaba obligado a hacerlo, pues su obra subjetivista se basaba precisamente en el ejercicio expresionista que llevaba a cabo directamente sobre el lienzo, sin intermediarios. Como en el caso de otros artistas de vanguardia, el dibujo no formaba necesariamente parte del proceso creativo.

Retrato de Cristiano Lovatelli Ravarino, 1992

Retrato de Cristiano Lovatelli Ravarino, 1992

La presente exposición recoge más de medio centenar de dibujos a lápiz, pastel y collages pertenecientes a la espléndida colección Francis Bacon Foundation of the Drawings donated to Cristiano Lovatelli Ravarino. Obras  que el propietario de dicha colección, Cristiano Lovatelli Ravarino (periodista, amigo íntimo y pareja del pintor durante años) recibió como regalo de manos de Francis Bacon, fechados y firmados por el pintor entre 1977 y 1992.

¿Son los dibujos de Bacon obras en sí mismas? No hay duda de que en ellos se intuye el interés del pintor por experimentar sobre las variaciones de color y sus posibilidades expresivas, también, que Bacon debía sentir cierta satisfacción por el resultado conseguido, pues la mayoría fueron firmadas por el pintor.

No se trata, por lo general, de bocetos ni dibujos preparatorios, sino que son obras por derecho propio, muchas de ellas de gran tamaño y apabullante colorido, en las que se repiten algunos de los temas que obsesionaron a Bacon a lo largo de su vida.

Figura de pie, 1990

Figura de pie, 1990

Comisariada por Fernando Castro, se pretende arrojar algo de luz sobre una de las cuestiones más discutidas del que probablemente sea unos de los artistas más importantes del siglo XX.

Los dibujos presentes en la exposición, de gran calidad y ejecución técnica, pertenecen, al parecer, a la última época de la actividad artística de Francis Bacon. Son creaciones realizadas sobre la marcha, con agilidad y precisión, y de las que emerge un reflejo de su trabajo, una vuelta a los temas recurrentes. Se puede constatar asimismo la influencia de su pintura más temprana en la propia técnica empleada: el nervioso carácter de las líneas, las deformaciones, la simplicidad de las composiciones y la atmósfera de las obras.

La muestra se organiza en torno a cuatro temas recurrentes en su obra:

Papa, 1991

Papa, 1991

El Papa, que es el “gran” tema que desarrolló Bacon en sus pinturas. El retrato de Inocencio X de Velázquez, una obra que le obsesionó. “Siempre he creído que era uno de los mejores cuadros del mundo y lo he utilizado de modo obsesivo”, afirmaba el artista. Si bien, sus reproducciones eran distorsionadas, aunque guardaban la esencia de la obra de Velázquez, nada tenían que ver en su factura, sometiéndola a un tratamiento distorsionado, como hacía con todos sus retratos.

Las figuras sentadas, imágenes de la melancolía y de la soledad reflexiva.

Figura girada, 1988

Figura girada, 1988

Los retratos y las cabezas, donde el pintor refleja un rostro que se deforma, sin un carácter realista, siempre desfigurados y creados a partir de pinceladas violentas y enérgicas. Era un manipulador de rostros.
Y las crucifixiones.

Castro ha comentado que Bacon refleja una “tensión energética y nerviosa” y que el público va a ver en la exposición una colección “potente” y “emocionante”.

Fotografías: @ Francis Bacon collection of the drawings donated to Cristiano Lovatelli Ravarino.

 

Circulo de Bellas Artes. Sala Goya. Alcalá, 42. Madrid. Hasta el 21 de mayo. 

 

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