Enigma en Letonia

Elvira Q.

En 1845, el director de un instituto para niñas jóvenes de la nobleza, el pensionado Von Neuwelcke, ubicado en la actual Letonia a unos 60 kilómetros de Riga, contrata como profesora de francés a una mujer joven llamada Emilie Sagée, que dice haber nacido hace 32 años en Dijon. La nueva institutriz tiene un temperamento muy alegre, demuestra una inteligencia y un sentido de la educación que llaman favorablemente la atención del director, herr Bush. Pero, algunas semanas después de su llegada, empiezan a circular rumores entre las 42 alumnas del pensionado.

pensionnat-in-livoniaEn efecto, se producen unos extraños fenómenos varias veces mientras una alumna dice haber visto a la profesora en un extremo del edificio, otra afirma haberse cruzado con ella en el extremo opuesto. Al principio, los profesores no prestan oídos a estos comentarios absurdos. Pero el caso se complica. Un día, mientras Emilie Sagée está ante la pizarra dando una clase de gramática a trece jóvenes (entre las cuales se encuentra una cierta Julie von Güldenstubbe), aparece a su lado una silueta imitando sus movimientos a la perfección. El único detalle que difiere es la ausencia de la tiza en su mano. El doble sigue manifestándose durante las semanas siguientes (también es visto por los empleados domésticos) y adopta progresivamente un comportamiento más y más independiente. Así, un día, las 42 alumnas están ocupadas en trabajos de costura en un cuarto en la planta baja, y una profesora las vigila. Por la ventana las niñas pueden ver a Emilie Saguée en el jardín. En un momento dado su supervisora se ausenta para ser reemplazada por el doble inmóvil y silencioso. Afuera, Emilie Sagée parece tener súbitamente dificultades para moverse. En clase, algunas alumnas se atreven a acercarse y constatan que el doble de la profesora ofrece sólo una ligera resistencia a las manos que la atraviesan. El doble termina por desaparecer.

lg_d06c5c-EmilieSagee_class_HenryGuttmannPor supuesto, todo esto altera en grado sumo a las jóvenes pensionistas y provoca numerosas partidas. Al cabo de dieciocho meses, 30 de las 42 alumnas han sido retiradas por sus padres. El director decide, entonces, despedir a Emilie. Antes de irse, ella le confiesa que es la decimonovena vez que se ve obligada a dejar un puesto, siempre por la misma razón, desde que empezó a enseñar a la edad de 16 años.

Julie von Güldenstubbe sigue en contacto con su antigua profesora hasta el año 1850. Después de eso, se pierde definitivamente su rastro en Rusia, a donde emigró como institutriz al servicio de una familia.

Tres autores estudian y relatan la historia de Emilie Sagée basándose en los testimonios de la baronesa Julie von Güldenstubbe, personaje cuya existencia es indiscutible, a la que conocen personalmente y de quien garantizan su integridad. Son el escritor y político estadounidense Robert Dale Owen, el astrónomo francés Camille Flammarion y el parasicólogo ruso Alexander Akasov. Flammarion trata, en vano, de encontrar las huellas de una Emilie Sagée que habría nacido en 1813 en Dijon.

Descubre, en cambio, una niña ilegítima llamada Octavie Saget, nacida el 13 de enero de 1813. Emilie y Octavie son probablemente la misma persona. La joven habría elegido cambiar su nombre para esconder su condiciónde bastarda, hecho corriente en la época. En cuanto al pensionado, investigaciones modernas no permitieron encontrarlo, lo que no quiere decir gran cosa, si se tiene en cuenta la tormentosa historia de Letonia hasta nuestros días.

El testimonio de Julie von Güldenstubbe deja suponer una relación “vampiresca” entre Emilie Sagée y su doble; en cada aparición de este, la joven mujer parecía ser presa de una fatiga más o menos intensa, como si su doble la privara de energía. Emilie, de hecho, es incapaz de ver su doble y deduce su presencia por la alarma que causa entre la gente que la rodea y por la debilidad que la invade. Si esta historia es real, sólo resta tener lástima de una mujer afligida por tal maldición.

Aceptar la veracidad del testimonio de Julie von Güldenstubbe (lo que hacen los que la conocen) no resuelve, sin embargo, todos los problemas. Hace un siglo, unos escépticos declaraban que esta historia era originada por una ilusión o una alucinación. Pero los testigos son numerosos y las apariciones repetidas. Estas se llevan a cabo en presencia de observadores que están muy cerca y, por lo común, en lugares muy iluminados. Queda la sugestión colectiva, que puede, efectivamente, producirse en lugares cerrados, donde vive una población aislada del resto del mundo: un rumor se pone en circulación y, a fuerza de hablar de ello, termina por hacerse realidad en el pensamiento de las personas involucradas. El hecho revelador de la sugestión colectiva es la total uniformidad de los testimonios. Esta explicación fue expuesta en el caso de Emilie Sagée: ¿pero podemos extrañarnos, por ejemplo, que 13 escolares afirmen todas exactamente la misma cosa, cuando dicen haber visto a su profesora sencillamente” desdoblarse” a algunos metros de ellas? Aquí serán más bien las divergencias en los detalles las sospechosas… Otro argumento actúa en contra de esta teoría: cuando Julie von Güldenstubbe visita más tarde a Emilie Sagée, instalada en la casa de una cuñada, descubre que los niños de ésta se habían acostumbrado hacía tiempo a la idea de tener dos “tías Emilie”… Decididamente, el misterio de Emilie Sagée está lejos de resolverse.

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