Elements of Vogue. Un caso de estudio de performance radical. II

Elvira Q.

VanDerZee-13La historia toma cuerpo en estas prácticas. Un cuerpo que se revela como escenario de un trauma, pero también como lugar de empoderamiento. Las obras de Emory Douglas o Ernest C. Withers reflejan que la cultura negra ha respondido a la brutalidad con nuevas formas de solidaridad y hermanamiento político en las que el mundo de los vivos y el de los muertos se entretejen. Con un siglo de antigüedad, las fotografías funerarias de James Van Der Zee son testimonio de esta centralidad de la muerte en la historia estética de Harlem. Cierra esta sección un vídeo inmersivo de Arthur Jafa con banda sonora de Kanye West, donde observamos como distintas formas de baile, movimiento y movilización, además de expresar la agitación de un cuerpo individual o colectivo, también ofrecen un medio para invocar a los ancestros y encarnar su legado de luchas por la emancipación. (Ver en http://elculturazo.es/?p=4606).

La siguiente sala está dedicada a la aparición de subjetividades radicales que irrumpen con fuerza en la historia. Esta genealogía arranca con los primeros bailes travestis durante el Renacimiento de Harlem, en los años treinta, y busca sus ecos en la legendaria House of LaBeija fundada en los setenta, sin olvidarnos del activismo transgénero de reinas callejeras como Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson —principales instigadoras de las revueltas de Stonewall, aunque borradas de la historia en favor de una reescritura neoliberal del movimiento gay—. Hasta llegar a la performer travesti Joan Jett Blakk, candidata negra a la presidencia de EE.UU., cuya campaña como portavoz de Queer Nation ha sido recreada por primera vez en un museo.

02_15_Hammons_PORTRAITEl recorrido da paso a hitos de la performance afroamericana con obras clave de artistas como Lorraine O’Grady, Pope. L o Adrian Piper. Son trabajos pioneros que abordan la identidad racial y de género, no ya como la expresión de una interio ridad definida de antemano, sino como un territorio en disputa —es decir, la escenificación de un conflicto—. También se presenta por vez primera una muestra significativa de los archivos de Bruce W. Talamon y Dawoud Bey, cuyas fotografías permiten reconstruir la performatividad que atraviesa la obra temprana del huidizo artista David Hammons, así como sus instalaciones efímeras realizadas con cabello afro.

Encontramos finalmente dos respuestas radicales a los retos planteados por la crisis del sida en los años ochenta. En Tongues Untied [Lenguas desatadas], una película producida para la televisión pública norteamericana —donde fue censurada— Marlon T. Riggs exprime las posibilidades del vídeo, la incipiente cultura del remix y el montaje audiovisual para desmantelar la ficción de una identidad negra esencial, a través de un relato poético, coral y fragmentario que supuso un hito en la representación de la masculinidad afrodiaspórica. Riggs aseguraba que amar y luchar eran procesos recíprocos. que amar y luchar eran procesos recíprocos. Por ello su metraje involucra a tantas figuras hoy desaparecidas, como el poeta Essex Hemphill o el legendario Willi Ninja, cuya escena de baile urbano en los muelles del río Hudson constituye uno de los primeros documentos de vogue.

En diálogo con esta película, la exposición presenta los Ektachrome Archives de Lyle Ashton Harris, una ambiciosa instalación de su archivo personal de diapositivas que cubre dos décadas de activismo y de intimidad política durante la crisis del sida. Acompañada por una remezcla inquietante de la estrella de la música disco Grace Jones, esta instalación multipantalla demuestra que lo íntimo desborda siempre lo privado, en tanto que historia compartida con otros cuerpos. Abraza de este modo la posibilidad de imaginar nuevas coaliciones políticas que tienen lugar en ámbitos tan diversos como el sexo, los afectos, la subcultura, el baile y el estilo.

Walking for Tens 023En los ascensores que conducen a la primera planta, un mix de Terre Thaemlitz invoca las energías queer a las que debe su existencia el house y gran parte de la música electrónica de baile. La planta inferior introduce otro conjunto de trabajos que se podrían entender como apuntes para una política del estilo. Se trata de obras producidas en la mayoría de casos por una generación más joven, con presencia de artistas nacidos en los setenta y ochenta. El recorrido en esta planta se inicia con las fotografías de Gerard H. Gaskin, quien ha documentado la cultura ballroom desde dentro, participando en cientos de bailes y desfiles en distintas ciudades, a lo largo de un periodo de más de veinte años. Encontramos justo después trabajos como los de Ellen Gallagher, Willie Cole o Rashaad Newsome. Se trata de artistas que trabajan con una gramática del exceso y la exuberancia, la pluma y el glamur. Una estética cuyos objetos de fascinación se prestan inevitablemente a lecturas torcidas, desviadas, antinormativas… es decir, subculturales. Son trabajos que hacen suyo el ornamento de la cultura dominante para resignificarlo de forma imprevisible.

Esta planta agrupa también la obra de artistas que trabajan para superar la carga de lo que James Baldwin llamó la «obligación de representación». Las obras de Kalup Linzy, Paul Maheke, Charles Atlas o Wu Tsang investigan los entrelazamientos entre género, raza y clase social, pero a su vez ponen en juego formas de ventriloquía y artificio. Se establece así un recorrido laberíntico a través de copias y remezclas, guiños y versiones, notas al pie y ejercicios de profanación. Un recorrido que no es lineal, sino que dibuja una trayectoria excéntrica —una trayectoria queer, en el sentido original del término— en la que se entretejen espacios y tiempos alejados. Por último, encontramos en el atrio del museo la monumental instalación que Rashaad Newsome ha concebido específicamente para este espacio. Esta instalación servirá de escenario para la celebración de un intenso programa de performances, DJ sets y dos balls de vogue.

Centro de Arte Dos de Mayo. Avda. de la Constitución 23, Móstoles. Madrid.

 

 

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