El Manuscrito Voynich

Carmen de Lucas Vallejo.

Sin título5Este manuscrito debe su nombre al bibliófilo polaco, Wilfried Michael Voynich, quien descubrió, en 1912, esta enigmática obra en la biblioteca de los jesuitas de Mondragone, cerca de Roma.

El manuscrito es un libro, al que según la numeración le faltan 28 páginas, y que aún conserva 230 hojas, en papel vitela, la mayoría de ellas acompañadas de ilustraciones, con tapas de pergamino. Sus medidas son 27 x 15 cm. El autor, texto y lenguaje siguen siendo un misterio, y por ello ha sido considerado como el escrito más misterioso del mundo.

No está muy claro el propósito de este manuscrito, aunque se diferencian varias secciones de tipo herbolario, cosmos y astronomía, farmacéutica, biología y recetario.

La escritura parece fluida y debió ser añadida posteriormente a las imágenes que acompañan casi cada página del manuscrito, ya que se adapta a los contornos de las mismas.

Según ciertas fuentes, dataría del principio del siglo XV y habría sido redactado o bien en el norte de Italia, o en el sur de Alemania.

Sin título2La presencia de signos del zodiaco que fueron añadidos más tarde y comentados en otro idioma más literario y parecido al antiguo francés, hace suponer que el manuscrito estuvo en un momento u otro en Francia.

Sin embargo no acaban aquí, ni los enigmas ni los viajes del manuscrito. Aparece en Praga, tenemos la prueba de que pasó por las manos del emperador Rodolfo II en una carta fechada de 1666, escrita por Jan Marek Marci quien, además de su pasión por los libros antiguos, era su médico. Formaba parte de la biblioteca del emperador, un gran aficionado al ocultismo, las artes mágicas y la alquimia. En aquellos tiempos, Jhannes de Tepenecz (alias Sinapius), alquimista checo, responsable de la farmacia real del mismo Rodolfo, intentó traducirlo. No lo consiguió, pero nos dejó su firma incrustada en uno de los márgenes del libro.

Sintiendo que iba a fallecer, Jan Marek Marci, eminente científico y rector de la universidad de Praga, empezó a regalar libros raros de su biblioteca personal.

El viejo sabio confió el famoso manuscrito al erudito, jesuita y criptólogo alemánAthanasius Kircher que vivía en Roma y era especialista en jeroglíficos y arqueología.

Sin título3Por su parte Kircher tampoco lo lograría. Después de incontables e infructuosos intentos de traducción y sumergido en un profundo sentimiento de completo fracaso, finalmente decidió depositarlo en la biblioteca de los jesuitas, con la esperanza de que eruditos venideros lo estudiasen y descifraran. Allí permaneció en el olvido durante 250 años.

En 1912, el misterioso manuscrito que se había resistido hasta allí a todos los intentos de interpretación, volvió a aparecer gracias a Wilfried Michael Voynich. El pobre hombre fue mal recompensado, de este manuscrito, que se resistía a todos los intentos de descifrado, que era falso y que su descubridor era un falsificador.

El origen del manuscrito sigue siendo un auténtico misterio al igual que su autor y, sobre todo, el idioma en el cual está redactado. Pese a eso, tampoco nos podemos olvidar del contenido, totalmente desconocido, ni de las ilustraciones, ambos plasmados con algún propósito oculto que se nos escapa.

Cabe destacar que el anónimo autor hizo uso de un alfabeto no identificado, y además, escrito en un idioma incompresible. Investigadores recientes, lo han apodado con el singular y explícito nombre de voynichés. Sin lugar a dudas, todo un reto para los miles de criptógrafos profesionales y aficionados que pretenden arrancar sus secretos.

En 1998 René Zandbergen y Gabriel Landinio crearon un sistema de notación, designado como Alfabeto EVA (Extensible Voynich Alphabet). Se trata de un convenio gráfico para transliterar a caracteres occidentales los símbolos del manuscrito.

En el voychinés no existen palabras con más de diez letras y una curiosidad es que ciertos caracteres aparecen solamente en partes concretas de las palabras: bien al principio, en el medio o al final.

Se cree que es un mensaje cifrado, siendo estudiado por numerosos profesionales y criptógrafos. Aun así ha desafiado todos los intentos por desvelarlo, convirtiéndose en una celebridad entre los textos sin desvelar.

Aunque muchos defienden que el libro es simplemente una tomadura de pelo, cuyo texto fue inventado sin orden ni concierto, hay que destacar que cumple la ley de Zipf,  la cual define que cuanto más corta sea una palabra, más veces aparecerá en los textos de cualquier lengua, debido al ahorro lingüístico. Esto no lo cumplen ni siquiera lenguajes inventados como los élficos o el klingon.

En 2009, investigadores de la Universidad de Arizona realizaron la prueba del carbono-14 y confirmaron (con una seguridad del 95%) que el libro fue elaborado entre 1404 y 1438. Por lo tanto, queda constatado que el códice data de tiempos medievales.

 Aparte, el Instituto de Investigaciones McCrone de Chicago descubrió que gran parte de la escritura no se añadió mucho más tarde de esa época, confirmando que el manuscrito es un auténtico documento medieval. Aun así, estos resultados no se han publicado como es debido, ocasionando más especulaciones al respecto.

Actualmente el manuscrito Voynich pertenece a la Biblioteca Beinacke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale, conociéndose con el sobrenombre de Beinecke MS 408. La primera edición en facsímil se publicó en 2005.

Lo cierto es que a día de hoy se barajan diversas hipótesis o líneas de investigación alrededor del curioso manuscrito; claro está, algunas más acertadas que otras.

Sin título4Dos botánicos de Estados Unidos, Arthur Tucker y Rexford Talbert, propusieron a principios de 2014 una idea bastante en un artículo publicad en la Revista del Consejo Botánico HerbalGram. Sugieren que el manuscrito es una descripción de la flora y fauna americanas, pues afirman haber encontrado similitudes entre las plantas ilustradas con las que aparecen en antiguos libros mexicanos de fitología. Han logrado identificar 37 de las 303 plantas representadas en el original, seis animales y un sólo mineral.

En consecuencia piden que se realice una mayor investigación porque además creen que está redactado en alguna lengua azteca como podría ser el náhuatl.

Por otro lado, el británico Stephen Bax, profesor de Lingüística aplicada de la Universidad de Bedfordshire, afirma haber descifrado diez palabras del célebre manuscrito. Su método se basa en realizar un escrupuloso análisis a nivel lingüístico, al tiempo que tira de su extenso entendimiento sobre varias lenguas del medievo que pudieran estar relacionadas con el contenido. Sus conclusiones son escasas, sin embargo se muestra bastante convencido der que el dichoso libro no es ningún fraude.

Por supuesto existen muchas otras hipótesis. Otros nombres que se han pronunciado al respecto son los del profesor Newbold de la Universidad de Pennsylvania, o los de Joseph M. Feely y Leonell C. Strong. Todos ellos han visto códigos ocultos en las páginas del Voynich pero tampoco les han encontrado significado alguno.

Al presente, prevalece la diversidad de opiniones, y es que ni los más afamados criptógrafos han conseguido nada de nada, jamás se ha llegado a una posible solución válida, aunque también es cierto que se pueden reconocer claramente algunos astros y constelaciones como las Híades, Tauro y su espectacular estrella Aldebarán.

Sin títuloNo obstante reclama especial atención una imagen pintada en el fantástico círculo astrológico que presenta en una de sus ilustraciones. Puesto que en el centro de la imagen aparece un smilodon, un espectacular tigre de dientes de sable, bastante desconocido ya en los tiempos en los que se redactó esta obra.

Pero volviendo a su origen y, seguramente por la intensa oscuridad que le rodea, incluso se ha llegado a sugerir que el manuscrito fue redactado por el gran genio del renacimiento Leonardo da Vinci. Hay quien piensa que bien pudieron ser los cátaros los autores, quizás la tribu perdida de Israel, los aztecas, e incluso los más atrevidos proclaman la idea de que pudiera haber sido redactado por extraterrestres…

En fin, tanto el origen como la naturaleza del manuscrito Voynich siguen perteneciendo al misterio. Lo único claro a día de hoy es, que después de un largo periodo de investigación, seguimos hinchiéndonos del mismo sentimiento que terminó asaltando a Kircher: la sensación de un completo fracaso.

 

    

6 Comments en El Manuscrito Voynich

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