El documental francés sobre el atentado del 11-M

Carmen de Lucas Vallejo.
Un nuevo Dreyfuss: Jamal Zougam, ¿chivo expiatorio del 11-M? es un documental francés, ahora doblado al español, dirigido en 2015 por Cyrille Martin, en donde se cuestiona la sentencia sobre los atentados ocurridos en Madrid el 11 de marzo de 2004, desmontando la versión oficial de la masacre.
El film, tras una importante labor de documentación, está montado con imágenes de vídeo, archivos ya existentes, fragmentos de telediarios, grabaciones de vídeo y algunas entrevistas aparecidas en los medios, sobre el juicio.
Su propósito, según declara su autor, es “reabrir el debate sobre el 11-M desde un punto de vista de izquierdas, de lucha contra el racismo y la islamofobia”. Martin, hombre de izquierdas y declarado activista anti OTAN, vincula la sentencia del 11-M con el “odio creciente hacia la minoría musulmana” en Occidente, “odio que está siendo utilizado por algunos sectores políticos, al igual que se utilizaba el antisemitismo en otra época” y por eso compara el caso Zougam con el de Alfred Dreyfus, el militar francés de origen judío que fue condenado injustamente por alta traición a finales del siglo XIX.
En el documental, de cerca de hora y media de duración, sobre la peor masacre terrorista de la historia de España y de Europa, con la frialdad y objetividad que da la distancia, Martin cuestiona el origen de las pruebas que fueron dadas por buenas en el juicio, las evidentes contradicciones de los testigos, la destrucción de pruebas (los trenes fueron desmantelados dos días después del atentado), la no realización de otras (a los acusados como autores directos del atentado, muertos en el piso que explotó en Leganés, no se les realizó autopsia), la imposibilidad de determinar el tipo de explosivo (primero Tytadine, luego Goma Eco), y otros muchos desaguisados difíciles de explicar.
Cyrille Martin desgrana el caso y las sospechas que condujeron hasta Jamal Zougam, y que, tras la sentencia dictada por el juez Gómez Bermúdez, le llevaron a una absurda condena de 42.000 años de cárcel que le mantiene en una celda de aislamiento, desde hace 12 años, acusado y sentenciado como único autor de la masacre, sin pruebas fehacientes de su participación.
El cineasta francés divide el documental en ocho puntos fundamentales: la cobertura mediática que se le dio al caso en Francia, la instrucción, el juicio, la mochila de Vallecas, los explosivos, el piso de Leganés, los testigos y la sentencia, interrogándose sobre la autoría, la investigación policial, la actuación judicial, la invención y la destrucción sistemática de pruebas, así como a la manipulación política, mediática y judicial que condujeron, tres días después, al vuelco electoral.
En la pantalla, todas las pruebas falsas se van borrando de unos gráficos extraordinarios que ayudan al espectador a seguir con facilidad la lógica de las pruebas y de las falsificaciones que la sentencia logró simplificar hasta llegar a un crimen cometido sin arma homicida, sin escenario –los vagones fueron destruidos antes incluso de que todos los cadáveres fueran identificados– sin testimonios o con testigos falsos, sin autor intelectual y con autores materiales muertos en circunstancias no documentadas, sin autopsia, y termina concluyendo que toda la versión oficial del 11-M no es más que una enorme catarata de pruebas manipuladas, una inmensa cortina de humo, una gigantesca farsa, en la que no hay un solo aspecto que se sostenga, y con la que se estaría encubriendo una operación de terrorismo de estado.
Este documental tiene un efecto principal, más allá de demoler la versión oficial de los atentados, nos permite comprobar cómo se ve el 11-M desde fuera de España, y en especial cómo se ve desde la perspectiva de la izquierda militante y no salen muy bien parados, tras este ejercicio, ni nuestros medios de comunicación españoles, ni nuestra izquierda patria. Porque la versión oficial del 11-M es tan inverosímil, son tan burdas y evidentes las manipulaciones de pruebas, son tan groseras las falsificaciones, que cualquiera que se acerque al tema con un mínimo de objetividad sale escandalizado.
Cada uno podrá sacar su conclusión tras la visión de la película, pero no creo que deje a nadie indiferente.

El caso de Jamal Zougam empieza también a ser conocido en Francia, donde la versión francesa de este documental fue seleccionada en varios festivales, proyectada gracias a varias organizaciones de izquierdas, invitada en medios de comunicación como Radio Libertaire, y difundida a través de la web de los Mutins de Pangée, una productora de documentales militantes muy reconocida por sus documentales sobre Noam Chomsky y Howard Zinn.

 

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