Desde la mirilla 3

Emilio Puente Segura.

Y pensó…, que lo mejor sería llegar hasta su apartamento, donde se sentiría más seguro, y una vez allí hacer una llamada de auxilio a la policía.

Corrió hacia la puerta como nunca antes había corrido. Las pisadas cada vez se oían más cercanas… Tenía que darle tiempo a alcanzar la puerta de su apartamento, antes de que esa criatura terminase de subir las escaleras y llegara al pasillo.

¡Clac…clac..!

Los pasos cesaron. Moisés avanzaba a toda prisa cegado por el miedo. Llegó a la puerta entreabierta del apartamento de Yurena. La abrió y….

112ceb33Se paró en seco. La bestia se encontraba parada justo delante de él. Apenas les separaban un metro y medio de distancia. Podía oler su aliento agrio. Cuatro segundos… Cuatro eternos segundos manteniéndose la mirada. Cuatro segundos durante los cuales Moisés, con la cara petrificada, la boca abierta y los ojos vidriosos, pudo sentir la salvaje y amenazante mirada de esos penetrantes ojos de color ámbar sobre él, a la que acompañaba con una sonrisa abierta que dejaba ver cierta satisfacción y unos dientes descolocados y amarillentos. Frunció el ceño y sus cejas se juntaron en forma de uve encima de la huesuda nariz…, dispuesto a atacar…

Cuatro escasos segundos, en los que Moisés pudo observar que debajo de la capa abierta, la bestia lucia el torso desnudo poblado de vello marrón y canas beige. No tenía ombligo. La criatura que tenía delante no había nacido de ninguna mujer terrenal. A partir de la cintura hacia abajo, le nacía pelo animal también marrón, que abrigaba sus patas musculosas de cabrito, pero que no llegaba a cubrir un gran falo que aparecía protegido por piel negra y curtida. En la mano derecha, dotada de unos dedos fuertes, con uñas negras, pétreas y largas, apretaba firmemente el mango de un inmenso cuchillo, cuya  punta amenazante,  le señalaba directamente a él.

Cuatro segundos, tras los cuales, Moisés cerró de un portazo. Corrió sollozando y en estado de shock hasta el baño, cerró la puerta con el pestillo y colocó una silla detrás haciendo tope con el pomo. Se sentó en el excusado y abrió la tapa del móvil. Afuera, se oía cómo esa bestia pateaba la puerta sin cesar con la fuerza de un caballo. Intentó que sus dedos nerviosos se pusieran de acuerdo con el cerebro para dar con las teclas correctas del número de teléfono de la policía. Esperó impaciente durante tres tonos. Escuchó cómo alguien descolgaba al otro lado.

-¿Hola….hola…? ¿Me oye…?- Nadie respondía. -¡Por favor… es una emergencia..! ¡¡Dios..!! ¿Alguien me escucha..?

-”¿Ya lo sabéis Moisés…?”- Preguntó una voz que parecía venir de los infiernos.”¡Tú que portas el nombre de aquél que abrió las aguas. Que recibió los mandamientos y trajo las plagas. Del que condujo al pueblo hebreo hasta la Tierra Prometida! Necesitaras un milagro del propio Yahvéh para salir airoso de esta casa. -”¿Os habéis convencido ya de la verdad..? ¡Nadie  puede reírse de Satán sin pagar un duro peaje..! ¡Porque… el Demonio… existe!”- Se escuchó una risa espeluznante, como un graznido continuado. -”¡Vas a tener una noche divertida muchachito. Además…, te acompañará la simpática y preciosa Yurena… ¡Que lo paséis de miedo chicos..!

Moisés arrojó el móvil al suelo y lo pisoteó rabioso y desesperado. Los golpes pateando la puerta no cesaban, cada vez más fuertes, astillando poco a poco la madera.

¡Moisés… Moisés¡- Escuchó gritar a la criatura.

Acurrucado en un rincón del servicio, llorando, cerró los ojos con fuerza, se tapó los oídos con las manos y su cuerpo comenzó un movimiento de vaivén de delante hacia atrás, con la razón perdida, abandonado a su suerte, sin fuerzas. A partir de aquí, todo lo que escuchaba era como una especie de eco lejano. Los golpes, el crujido de la puerta al romperse, los gritos pronunciando su nombre… Todo, quedó envuelto en una amalgama de sonidos que parecían venir desde otra dimensión. Notó que le agarraban fuertemente por los brazos. No se atrevió a mirar. Ya ni siquiera le importaba morir. Sólo quería acabar con ese sufrimiento cuanto antes.

-¡Moisés….Moisés..!

Abrió lentamente los ojos… La luz del día iluminaba la estancia. La televisión estaba encendida y él, se encontraba sentado en su sillón de cuero negro, con las piernas estiradas sobre la mesa baja. Noelia, arrodillada a su lado, le zarandeaba sujetándolo por los brazos.

-¡Moisés…Moisés… cariño¡ ¿Te encuentras bien..?

Él la miraba a los ojos, ausente, sin articular palabra. No acertaba a discernir si lo real era lo que acababa de vivir, o era lo que estaba viviendo en ese momento.

-¡Llevo más de diez minutos llamando a la puerta como loca, y de todas las maneras posibles, utilizando el timbre, con los nudillos, a puñetazos! ¡Hasta que he recordado que Yurena tenía una copia de la llave de tu apartamento!

Noelia se volvió hacia ella, situada justo a su espalda. La joven le saludó con una sonrisa, pero con gesto preocupado.

-¡Gracias a ella he podido entrar. Al ver que no abrías me he preocupado por si te había pasado algo!

Moisés casi no la oía, sólo la miraba. Lo único que sabía era que mirarla a los ojos le producía una maravillosa sensación de sosiego interior, un placentero estado de relax, como si se hubiera tomado alguna droga y ésta comenzase a producir sus efectos en ese momento. Sus comisuras comenzaron a temblar visiblemente, y los ojos fijos en los de Noelia se humedecieron. Ella le acarició la mejilla justo un segundo antes de que una lágrima brotase del ojo de Moisés y mojara su mano. Le abrazó con un cariño casi maternal.

-Pero.. ¿qué te pasa mi amor..?

Se volvieron a mirar. Moisés sintió unas irrefrenables ganas de reírse a carcajadas.

-¿Qué hora es?- Quiso saber.

-¡Las once y diez! ¡Vamos a llegar tarde a la prueba del sueño!

Noelia le colocó el cabello. Él, sonriendo a su chica comentó:

No hace falta… ¡Creo… que he dormido..!

 

Nota del autor: Cualquier parecido de la diabólica criatura con Angela Merkel, es pura coincidencia.

 

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.

*