Cristo, mito solar

Elvira Q.

imagesEl Mito Solar representa en primer lugar la actividad del Logos o el Verbo en el Cosmos, el Héroe del mito se presenta comúnmente como Dios o Semidiós y su vida se traza conforme al curso del Sol. Su vida, pues, es la comprendida entre el solsticio de invierno y la llegada al zenit en el verano. El Héroe nace en el solsticio de invierno, muere en el equinoccio de primavera, y, venciendo a la muerte, se eleva al Medio Cielo.

En el Evangelio, pues, no se contiene la mera narración de lo que ha sido, sino el relato sublime de lo que es y de lo que será. Siempre será el Salvador del mundo, adorado por reyes representados por los Magos, siempre multiplicará el pan de la Eucaristía para alimento y fortaleza de las almas, cuando en negra noche y en medio de la tormenta le invoquemos, vendrá siempre a nosotros, andando sobre las aguas y extenderá siempre Su mano para ayudarnos a caminar sobre las olas, siempre acudirá en los desórdenes de nuestra mente y devolverá a nuestros ojos la luz perdida y luminoso y transfigurado se presentará siempre en el Tabor a sus devotos, interpretando la ley de Moisés.

El amplio bosquejo de la historia del Dios-Sol es muy claro: su accidentada vida se comprende dentro de los primeros seis meses del año solar. Nace siempre en el solsticio de invierno, después del día más corto del año, en la media noche del 24 de Diciembre, cuando el signo de Virgo asciende sobre el horizonte, nacido en tal coyuntura, nace siempre de una virgen, quien después de haber dado a luz a su Hijo-Sol, como el signo celeste de Virgo, sigue inmutable e inmaculada cuando el Sol surge de él en el cielo. Débil y desvalido como niño ha venido a la vida durante los días más cortos y las noches más largas, se encuentra rodeado de peligros en su infancia. El reino de las tinieblas es mucho más largo en sus primeros días. Pero vive a pesar de todo, los días se prolongan hacia el equinoccio de primavera y llega el momento de pasar de uno a otro extremo, de cruzar, la crucifixión, cuya fecha varía cada año.

A veces se encuentra al Dios-Sol esculpido dentro del círculo del horizonte, con la cabeza y los pies tocando la circunferencia al Norte y al Sur, y, extendidos los brazos, tocando con las manos el Este y el Oeste. “Él está crucificado”. Después de esto se eleva triunfante y sube a los cielos y madura el grano y el racimo, dándoles de su vida misma para que se forme su sustancia y, mediante ella, la de sus adoradores. El Dios nacido al amanecer del 25 de Diciembre, es crucificado siempre en el equinoccio de primavera, y siempre entrega su vida como alimento.

Lo fijo de la fecha del nacimiento y lo variable de la muerte tienen mucha significación, observamos que la primera es una posición fija del Sol y la segunda una posición variable. “La Pascua de Resurrección” es movible y se calcula por las posiciones relativas del Sol y de la luna, el primer plenilunio tras el equinoccio de primavera, cosa impropia para fijar el aniversario de un acontecimiento histórico, pero muy natural e inevitable cuando se trata de calcular una festividad solar.

Fechas variables que no indican la historia de un hombre, sino que apuntan al Héroe del mito solar. Estos sucesos están reproducidos en las vidas de diversos Dioses Solares. La Isis de Egipto, como María, era nuestra Señora Inmaculada, Estrella del Mar, Reina del Cielo, Madre de Dios, se la representaba de pie sobre la media luna y coronada de estrellas, dando de mamar a su hijo Horus y con la cruz detrás del niño sentado en la falda de su madre. El signo de Virgo del Zodíaco se encuentra representado en antiguos dibujos por una mujer amamantando un niño, lo que demuestra el origen del símbolo. Así se ve también la figura de Devaki con el divino Krishna en sus brazos y la de Mylitta, o Istar, de Babilonia, con la especial corona de estrellas y su hijo Tammuz en las rodillas; Mercurio y Esculapio, Baco y Hércules, Perseo y los Dioscuros, Mithra y Zarathustra, tuvieron todos nacimientos divinos y humanos. La relación del solsticio de invierno con Jesús es también significativa. El nacimiento de Mithra se celebraba en el solsticio de invierno con grandes regocijos y Horus nacía también por entonces. Su nacimiento es uno de los mayores misterios de la religión egipcia. Sus representaciones aparecían pintadas en los muros de los templos. Era el hijo de la Divinidad.

Sobre la fijación del 25 de Diciembre como fecha del nacimiento de Jesús, dice Williamson en The Great Law: “Ha habido ciento treinta y seis fechas distintas asignadas a tal hecho por las diversas sectas cristianas. Lightfoot da la del 15 de Septiembre, otros la de Febrero o Agosto”. Epifanio menciona dos sectas, una lo celebraba en Junio y otra en Julio. La cuestión fue resuelta por el papa Julio I en el año 337 y San Crisóstomo escribía en 390: “Este día también se fijó últimamente en Roma para el nacimiento de Cristo, con el propósito de que mientras los paganos estuviesen ocupados en sus ceremonias (las Brumalias en honor de Baco), pudiesen los cristianos celebrar tranquilamente sus ritos”. Gibbson, en su obra Decline and Fall of the Roman Empire, escribe: “Los romanos, tan ignorantes como sus hermanos de la verdadera fecha del nacimiento de Cristo, fijaron la festividad el 25 de Diciembre, día de las Brumalias o del solsticio de invierno, en el cual celebraban anualmente los paganos el nacimiento del Sol”. La realidad es que no existen datos para determinar la fecha, ni siquiera de modo aproximado. De ahí que la gran festividad del solsticio de invierno se celebrase desde tiempos antiguos para honrar la memoria del nacimiento de un Dios, a quien como “Salvador” y cuya madre es una virgen. Las notables semejanzas que señaladas, no sólo en su nacimiento, sino también en la vida de estos Dioses Salvadores, son demasiado numerosas para que se las considere como mera coincidencia.

La Navidad debería ofrecer a los amantes de Cristo nuevos motivos de santificación y de regocijo, como continuación de una antigua solemnidad celebrada en todo el mundo desde los tiempos más remotos. Ciertamente, las campanas anunciadoras de tal festividad suenan a través de toda la historia humana, pues su armonioso repique sale del fondo de las tinieblas de las edades más primitivas. El sello de la verdad se encuentra en la aceptación universal, no en la posesión del exclusivismo.

Ya hemos dicho que la fecha de la muerte no es fija, se calcula conforme a las posiciones relativas del Sol y de la Luna en el equinoccio de primavera, variando, por tanto, cada año y así vemos celebrarse la fecha de la muerte de todos los Héroes Solares. El animal elegido por símbolo del Héroe es el signo del Zodíaco en el que está el Sol en el equinoccio primaveral del año correspondiente, el cual varía con la precesión de los equinoccios. Oannes de Asiria era Piscis y de esta forma se le representaba. Mithra, Tauro, por lo cual figura montado en un toro y a Osiris se rendía culto como Osiris-Apis, el Toro. Merodach de Babilonia era adorado como un toro y también Astarté de Siria. Cuando el Sol está en el signo de Aries, vemos a Osiris como carnero, y también a Astarté y a Júpiter Ammon. Este vino a ser el símbolo de Jesús, el Cordero de Dios. El empleo del Cordero como símbolo suyo, con frecuencia puesto en la cruz, es muy común en las esculturas de las catacumbas. Sobre esto dice Williamson: “Andando el tiempo fue el Cordero representado en la cruz, hasta que el sexto concilio de Constantinopla, celebrado hacia el año 680, ordenó que su lugar se pusiese la figura de un hombre sobre la cruz. Confirmó este canon el papa Adriano I”.

La muerte y resurrección del Héroe Solar en el equinoccio de primavera, se encuentran tan ampliamente difundidas, como su nacimiento en el solsticio de invierno. En tal época moría Osiris a manos de Tifón y se le representaba en el círculo del horizonte, con los brazos extendidos, como crucificado, se lloraba anualmente la muerte de Tammuz en Babilonia y en Siria en el equinoccio de primavera, así como la de Adonis en Siria y Grecia, y la de Attis en Frigia, donde su efigie era “un hombre clavado con un cordero a sus pies”. Igualmente se solemnizaba en Persia la muerte de Mithra. En todos los casos al duelo sucedía la resurrección y es interesante observar que el ayuno que precede a la muerte, la Cuaresma, se encuentra en Egipto, Persia, Babilonia, Asiria, Asia Menor, y en algunos casos definida por cuarenta días. De aquí que los mitos solares viniesen a quedar estrechamente entrelazados, por eso las leyendas de los Héroes más antiguos se agruparon en torno suyo. Entonces la festividad de su natalicio se fundió en la fecha inmemorial cuando el Sol nació de la Virgen.

Cuando se le aplicó la gran leyenda solar, fue adoptado el signo del Cordero para Su crucifixión, así como el de la Virgen se habría adoptado para su nacimiento. Por idéntica razón el Cordero fue consagrado a Cristo, porque era el signo del equinoccio de primavera en el período de la historia en que cruzó el círculo del horizonte, en que fue “crucificado en el espacio”.

Estos mitos solares, siempre repetidos a través de los siglos, con un Héroe diferente en cada nueva aparición, no pueden quedar inadvertidos para el estudioso, aunque los ignore, como es natural, el simple devoto y cuando se les emplea como arma para mutilar o destruir la majestuosa figura de Cristo, hay que hacerles frente, no para negar los hechos sino para comprender el significado más profundo de las narraciones, las verdades espirituales que las leyendas expresan bajo su velo. ¿Por qué se han mezclado estas leyendas con la historia de Jesús, condensándose en torno suyo como personaje histórico? Son éstas, en realidad, narraciones que no incumben de modo particular a un individuo llamado Jesús, sino que pertenecen al Cristo universal, a un Hombre que simboliza a un Ser Divino y que representa una verdad fundamental, un Hombre que cumplió cierto cometido y tuvo una posición característica respecto a la humanidad, guardando con ella especial parentesco, renovando una edad tras otra, conforme las generaciones sucedían a las generaciones y las razas daban lugar a otras razas. De aquí que Cristo, como todos los otros, fuese el “Hijo del Hombre”.

 

1 Comentario en Cristo, mito solar

  1. muy bueno

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