Cervantes 2

Elvira Q.

El Mediterráneo era un mar en guerra, infestado de corsarios. Al poco de zarpar, la goleta se extravió tras una tormenta que la separó del resto de la flotilla y fue abordada, en las aguas del golfo de Rosas, por tres corsarios berberiscos al mando de un albanés renegado de nombre Arnaute Mamí. Ambos hermanos son hechos prisioneros y acaban en Argel, bulliciosa base de la piratería berberisca y gran mercado de esclavos, en aquel momento uno de los centros de comercio más ricos del Mediterráneo.

Las cartas de recomendación que portaba le salvaron la vida, pero serían, a la vez, causa de lo prolongado de su cautiverio: Mamí, convencido de hallarse ante una persona principal y de recursos, lo convirtió en su esclavo y lo mantuvo apartado del habitual canje de prisioneros y del tráfico de cautivos entre turcos y cristianos. Esta circunstancia y su mano lisiada lo eximieron de ir a las galeras.

firmaEl tráfico de personas era intenso, pero la familia de Cervantes estaba bien lejos de poder reunir la cantidad necesaria siquiera para el rescate de uno de los hermanos. Cervantes protagonizó, durante su prisión, cuatro intentos de fuga. La presunción de riqueza le permitió conservar la vida, pero alargó su cautiverio. Su nuevo dueño, el rey Hassán, pidió seiscientos ducados por su rescate. Su madre, doña Leonor, inició los trámites para su rescate, fingiéndose viuda, reunió dinero, obtuvo préstamos y garantías, se puso bajo la advocación de dos frailes y, en septiembre de 1579, entregó al Consejo de las Cruzadas cuatrocientos setenta y cinco ducados. Hassán retuvo a Cervantes hasta el último momento, mientras los frailes negociaban y pedían limosna para completar la cantidad. Por último, el 19 de septiembre de 1580, fue liberado y se embarcó para España el 24 de octubre.

Al fin, el ex cautivo tocará tierra española en Denia, luego seguirá hasta Valencia, donde procesionará en acción de gracias y pasará unas primeras semanas de libertad. Han pasado once años desde que salió de España, y han pasado muchas cosas: se pierde Túnez y se recupera, muere Juan de Austria, nace Felipe III, se anexiona Portugal y la corte se instala en Lisboa. España sigue ensanchando el mundo: Legazpi ha fundado la ciudad de Manila, Mendaña toca las islas Salomón.

Cervantes tenía treinta y tres años y había pasado los últimos diez entre la guerra y la prisión; la situación de su familia, empobrecida y endeudada con el Consejo de las Cruzadas, reflejaba en cierto modo la profunda crisis general del imperio. Al retornar, Cervantes renunció a la carrera militar y se entusiasmó con las perspectivas de prosperidad de los funcionarios de Indias, trató de obtener un puesto en América y fracasó. Mientras tanto, fruto de sus relaciones clandestinas con una joven casada con un tabernero, Ana de Villafranca, nació una hija, Isabel.

Una comisión oficial sobre la que poco o nada se sabe, y el velo misterioso de esta plaza española en el Norte de África, hacen del viaje a Orán –mayo y junio de 1581– un nuevo enigma en la vida de Cervantes. Entre la diplomacia, el espionaje o el encargo administrativo, sólo queda constancia de que, a la vuelta, se le pagaron 50 ducados. Ese mismo año  comparece en Lisboa al olor de nuevas oportunidades, que se quedarán en nada. La nueva corte, de pronto desbordada de buscavidas y aspirantes a cualquier cosa, hierve de vida comercial: “En ella se descargan las riquezas de Oriente y desde ella se reparten por el universo”. El autor desempolvará los recuerdos de esta inútil estadía en algunos pasajes del Persiles.

220px-La_Galatea_First_Edition_Title_PageEn 1584, viaja a Esquivias, Toledo, para ayudar a la viuda de un poeta amigo en la publicación de un cancionero póstumo. Una vez allí, se casa con Catalina Palacios Salazar, a la que dobla en edad. Meses antes, el escritor había acabado su primera obra importante, La Galatea, una novela pastoril al estilo de la Arcadia de Jacopo Sannazaro. Vende los derechos al editor Blas de Robles, quien le pagó 1.336 reales por el manuscrito, que se publicará al año siguiente.

Esta cifra nada despreciable y la buena acogida y el relativo éxito del libro le animaron a dedicarse a escribir comedias. Las dos primeras (La comedia de la confusión y Tratado de Constantinopla y muerte de Selim, escritas hacia 1585 y desaparecidas ambas) obtuvieron relativo éxito, pero Cervantes fue vencido por el vendaval lopesco, y a pesar de las veinte o treinta obras compuesta en esta etapa (de las que sólo conocemos nueve títulos y dos textos, Los tratos de Argel y Numancia), hacia 1600 había dejado de escribir comedias, actividad que retomaría al fin de sus días.

Entre 1585 y 1600 Cervantes fijó su residencia en Esquivias, pero solía visitar Madrid solo; allí alternaba con los escritores de su tiempo, leía sus obras y mantenía una permanente querella con Lope de Vega. En 1587 ingresó en la Academia Imitatoria, primer círculo literario madrileño, y ese mismo año fue designado comisario real de abastos (recaudador de especies) para la Armada Invencible en Sevilla.

También este destino le fue adverso: en Écija se enfrentó con la Iglesia por su excesivo celo recaudatorio y fue excomulgado; en Castro del Río (1592), es acusado de vender parte del trigo requisado sin autorización y pasará unos días arrestado.

Pero las penurias económicas siguieron acompañándole, quebró el banquero a quien había entregado importantes sumas y Cervantes dio con sus huesos en prisión, esta vez en la de Sevilla, donde permaneció cinco meses.

Entre 1604 y 1606, la familia de Cervantes, su esposa, sus hermanas, su hija natural, así como sus sobrinas, siguieron a la corte a Valladolid hasta que Felipe III ordenó el retorno a Madrid.

220px-El_ingenioso_hidalgo_don_Quijote_de_la_ManchaMuy cerca del matadero municipal y encima de una taberna, en un pequeño edificio, se instalará la familia Cervantes. En este clima de apremio, termina la primera parte de El Quijote. En 1605, a principios de año, nace en la imprenta de Juan de la Cuesta, en la calle Atocha de Madrid, la novela que cambia la novela. Seiscientas sesenta y cuatro páginas y muchísimas erratas. El librero Francisco de Robles, dueño de los derechos, la vende al precio de doscientos maravedíes y medio.

Su autor era por entonces un hombre enjuto, delgado, de cincuenta y ocho años, tolerante con su familia, poco hábil para ganar dinero, pusilánime en tiempos de paz y decidido en los de guerra. La fama fue inmediata, pero los efectos económicos apenas se hicieron notar. Cervantes seguía pasando estrecheces. No le ofreció respiro ni siquiera la vida literaria: animado por el éxito del Quijote, ingresó en 1609 en la Cofradía de Esclavos del Santísimo Sacramento, a la que también pertenecían Lope de Vega y Francisco de Quevedo. Esta costumbre de la época, ofrecía a Cervantes la oportunidad de obtener algún protectorado.

A pesar de no conseguir siquiera, como tampoco lo logró Góngora, ser incluido en el séquito de su mecenas, el conde de Lemos, recién nombrado nuevo virrey de Nápoles, el cual, sin embargo, le daba muestras de su favor, Cervantes escribió a un ritmo imparable.

PicassoAl año siguiente la corte se trasladó de nuevo a Valladolid, y Cervantes con ella. El éxito del Quijote le permitió publicar otras obras que ya tenía escritas. La novela, larga o corta siempre estuvo en Cervantes, que hace suya, es decir, española, la novella italiana. Las Novelas ejemplares vieron la luz en 1613; el viaje al Parnaso, en verso, en 1614. Ese mismo año lo sorprendió la aparición, en Tarragona, de una continuación apócrifa del Quijote, escrita por un tal Alonso Fernández de Avellaneda, seudónimo todavía por desentrañar, que se proclamó auténtica continuación de las aventuras del hidalgo. La añagaza espoleará a Cervantes a terminar su segunda parte de El Quijote, enriquecerá la trama y se incorporará como asunto metaliterario al discurso de la novela, enfermo y urgido, y mientras preparaba la publicación de las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados (1615), acabó la segunda parte, que se imprimiría en el curso del mismo año,  con lo que quedaba completa la obra que lo sitúa como uno de los más grandes escritores de la historia.

tomo2A principios de 1616 estaba terminando una novela de aventuras de estilo bizantino: Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Unos meses antes de su muerte, Cervantes habría tenido una recompensa moral, ya circulaban traducciones al inglés y al francés desde 1612, y puede decirse que supo que con el Quijote creaba una forma literaria nueva. Supo también que introducía el género de la novela corta en castellano con sus Novelas ejemplares y sin duda adivinaba los ilimitados alcances de la pareja de personajes que había concebido. 

Media el mes de abril y el escritor empieza a convivir con la muerte, que se ha instalado en su casa de la calle del León, esquina con la calle Francos (hoy Cervantes). El 19 de abril recibió la extremaunción y al día siguiente redactó la dedicatoria del Persiles al conde de Lemos, ofrenda que ha sido considerada como exquisita muestra de su genio y conmovedora expresión autobiográfica: “Ayer me dieron la extremaunción y hoy escribo ésta; el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir…”.

220px-Monasterio_de_San_Ildefonso_y_San_Juan_de_la_Mata_-_CervantesAsí, entre el 22 y el 23 de abril de 1616, murió en su casa de Madrid, asistido por su esposa y una de sus sobrinas; envuelto en su hábito franciscano y con el rostro sin cubrir, fue enterrado en el convento de las trinitarias descalzas, en la entonces llamada calle de Cantarranas. A principios de 2015, un grupo de investigadores que se había propuesto localizar su tumba encontró un ataúd con las iniciales “M.C.”, pero el examen de su contenido reveló que no podía ser el del escritor. En marzo del mismo año, concluyeron que sus restos mortales se hallaban en el subsuelo de la cripta, mezclados, tras un traslado, con los de otras dieciséis personas.

Las fuentes de Cervantes como novelista son complejas: por un lado, don Quijote y Sancho son parodia de los caballeros andantes y sus escuderos; por otro, en ellos mismos se exalta la fidelidad al honor y a la lucha por los débiles. En el Quijote confluyen, pues, realismo y fantasía, meditación y reflexión sobre la literatura: los personajes discuten sobre su propia entidad de personajes mientras las fronteras entre delirio y razón y entre ficción y realidad se borran una y otra vez. Pero el derrotero de Cervantes, que asistió tanto a las glorias imperiales de Lepanto como a las derrotas de la Invencible ante las costas de Inglaterra, sólo conoció los sinsabores de la pobreza y las zozobras ante el poder. Al revés que su personaje, no pudo escapar nunca de su destino de hidalgo, soldado y pobre.

7 Comments en Cervantes 2

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