¡Bojam, muchacho…sigue!

Elena Baeza Berruti.

IMG_0990Tomando una copa de buen vino y algo de comer, en una de las múltiples terrazas madrileñas, en uno de los pocos bulevares que todavía quedan para solaz de la ciudad, en conversación animada con mi “donante de costilla”, veíamos pasar a las gentes, mientras al hablar nos mirábamos fijamente de vez en cuando,  diciéndonos … otras cosas que no eran problemas.

Pasaban personas jóvenes, con o sin niños, mayores, con o sin compañía, con móvil o en silencio y, plácidamente, disfrutando de la sombrita de las acacias.

Así pasó mucho rato y cuando ya habíamos decidido cambiar de lugar la conversación (o sea, pagar nuestra cuenta y marchar) oí una melodía dulce y suave de saxofón… realmente sonaba bien…

No sabía de donde venía el sonido y estuve un momento olisqueando el aire para averiguar de dónde procedía.

Le comenté a mi marido… “Pues, toca bien, realmente bien…Debe ser alguien que estudia los primeros años, pero… ¿Dónde está?”

¡La respuesta llegó andandito a nuestra mesa!

Era un chaval en pantalón corto negro, de buena calidad y un prístino polo blanco.

Caminaba sin darle importancia al tiempo, como solo se hace de joven. Llevaba entre sus manos y desde su boca un saxofón tenor, bien cuidado, quizá de segunda mano, al que sacaba un sonido limpio y una melodía de smooth jazz, familiar y algo melancólica sin resultar quejosa o pesada.

Pasó de largo con su música y gratamente sorprendida, comenté: “No es un músico callejero cualquiera, vencido por la tristeza de la vida o aburrido o desengañado… ¡le saca sonido…sabe!”

De repente el chico dio media vuelta con todos sus sueños bajo los pies y con parsimonia se acercó a nuestra mesa, sin intención de quedarse.

Entonces le interpelé… “¡Oye, muchacho…! ¿Estás estudiando saxofón? ¿Música?…

“Si, estoy estudiando con un maestro, también acordeón…”

Por su acento, deduje que era de algún país del Este.

Le dije: “Estudia en serio, porque tienes un toque muy bueno, cualidades realmente buenas, pero te diré lo que se les dice a los estudiantes de Bel Canto… ¡no canturrees…canta estudiando o actuando, y no actúes hasta que no hayas terminado tus estudios!

¡Tienes futuro, ve a por él!

Me contestó… “Sí, pero con lo que gano aquí, me pago el maestro…”

“Pero estudia y aprende  en serio. Tienes un don y puedes desarrollarlo. ¡No toques bobadas!”

Él sonrió con orgullo y dulzura en sus ojos negros.

¡Quién sabe de sus penas o dificultades! Pero hay siempre un camino para superarlas….

Le pregunté su nombre.

“Bojam, me llamo Bojam”

Quién sabe si un día podamos ver a Bojam, actuando en alguna parte para un auditorio agradecido.

La diferencia entre pedir en la calle y ganarse bien la vida puede que resida en su esfuerzo, o quizá en que alguien le dé una oportunidad al escucharlo tocar despreocupado y feliz, en sus pocos años.

Podemos levantar a alguien con un poco de apoyo, poniéndole corazón a la zona del otro que tiene vacía de amistad y cercanía.

Bojam se marchó, tocando su melodía, feliz y contento, como era, un muchacho en los veinte, con la vida por delante y el firmamento como destino en su corazón.

Cuidemos a nuestros jóvenes, dándoles los medios necesarios y exigiéndoles, como no, también, que saquen lo mejor de sí mismos, en términos de auto exigencia, pero poniendo en ello corazón y… ¡sentido humano!

 

 

 

 

 

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