Au Revoir, Palafox

Cecilia Bass.

Con la desaparición del cine Palafox se pierde uno de los mayores cines de Madrid, 856 butacas, número solo superado por el Capitol de Callao.

En Madrid han cerrado o cambiado de uso más de 50 cines desde el comienzo de la crisis, desde los Renoir de Cuatro Caminos, pasando por los Roxy B, hoy convertidos en un supermercado, hasta los Luchana salvados para la cultura y que hoy albergan unas salas de teatro, y la lista parece ir en aumento, a pesar de la reciente reapertura de los Cines Conde Duque Auditorio Morasol o la inauguración del novedoso Autocine Madrid.

El cine Palafox que el 28 de febrero cerró sus puertas, seguirá siendo un cine, sí, pero dejará de ser aquel cine familiarcon 55 años de historia, lo ha comprado la compañía Yelmo, que prevé una amplia reforma del espacio interior, probablemente para albergar unos nuevos multicines.

madrid-se-despide-del-palafox-el-cine-que-recibia-con-levita-y-guantes-blancosEl Palafox abrió sus puertas en 1962 con la proyección de la película italiana Barrabás, de Richard Fleischer, protagonizada por Anthony Quinn. Y entre bambalinas, los hermanos Cecilio y Amadeo Gómez Ezquerra, quienes tras trabajar en un almacén familiar de curtidos hasta después de la Guerra Civil, decidieron emprender una nueva trayectoria empresarial, sembrando barrios como Chamberí o Tetuán de cines de sesión continua y primer reestreno.

Su oportunidad les llegó a comienzo de los años sesenta, cuando ir al cine era una verdadera ceremonia social, una puesta de largo y un lujo del fin de semana. Los grandes cines de la Gran Vía y Fuencarral eran la referencia y estaban a pleno rendimiento. El Palafox supuso una explosión, con un diseño rompedor y su gran comodidad gozó de un éxito inmediato.

Entrar al cine era toda una experiencia, con una cúpula de pan de oro y atendidos por porteros y acomodadores vestidos con levita y guantes blancos, el golpe de efecto final lo daban los elementos decorativos: el mural de cristal y cemento del muralista S. Padró, la albufera de Valencia hecha en gresite, y un espectacular órgano ornamental flanqueando la pantalla.

El espacio fue remodelado en 1995, momento en el que se crearon otras dos salas de 260 butacas cada una, aprovechando la desaparición del entresuelo.

PUERTA-cine-PALAFOX-de-Madrid-300x221El Palafox, como el resto de las salas con historia, ha tenido muchos enemigos, los últimos años han sido un ejercicio de supervivencia, con una bajada continua de espectadores motivada por el cambio de hábitos en el consumo, con la aparición de los centros comerciales, la piratería y el incremento abusivo de la fiscalidad con la subida del IVA. Todo ello ha provocado que solo sobrevivan en la capital una treintena de cines, frente a los 500 que había en los años setenta.

El cine se despidió del público madrileño con un programa especial de clásicos, puesto en marcha por la productora Sunset Cinema, Au Revoir, Palafox, un ciclo de cine, del 20 al 27 de febrero, en el que se han repasado un total de 14 obras maestras, la mayoría de ellas en versión original subtitulada. La última película fue Casablanca, el clásico de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman.

Después de este ciclo, el último pase del Palafox, la noche del martes 28, fue la ópera La bella durmiente de Tchaikovsky, tres horas de proyección con un tipo de espectáculo que se había vuelto habitual en esta sala, para despedir a lo grande uno de los cines históricos de Madrid, aunque, a fin de cuentas, el Palafox seguirá siendo un cine.

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