Algo insignificante

Jaime Fa de Lucas.

“Hola, me llamo Jacques Lacan y soy el muro que te separa de obtener una licenciatura”. Psicología no es una carrera difícil. Las ideas de ese hombre lo son. El Otro, como si fuera el título de una película de terror. ¿Qué es el Otro? Personalmente, si lo entiendo como prójimo, es un concepto que no me gusta demasiado. Cada vez que tengo que  presentarme en sociedad me pongo malo. No soporto estar en público, me siento como si fuera el centro de atención. Me da la sensación de que todo el mundo está observando y analizando mis gestos. Es como si los demás, con un simple vistazo, pudieran ver claramente mis motivos más profundos. “Hasta luego chicos. No olvidéis que la próxima semana tenéis que exponer el trabajo final con una presentación en PowerPoint”. Según Lacan, se supone que el prójimo es el que me lanza los significantes de las cosas, con todo lo que eso pueda significar. Deduzco que la parte exterior de un cuadro, marco, es un significante que viene dado por alguien que no soy yo y cuyo significado depende de la interpretación de cada persona. Por lo tanto, el significado es variable; de ahí que los psicoanalistas, al enfrentarse al discurso de un paciente, presten más atención al significante.P1010680

Concretando, podríamos decir que no me siento cómodo a la hora de relacionarme con un colectivo. Tampoco sé si quiero acabar la carrera y ponerme a trabajar. Dudas, dudas, dudas. “Hemos quedado los de clase para salir el viernes, está el evento en Facebook. ¿Vendrás?”. Mi cara de insecto palo intentando camuflarse con los árboles le hizo añadir, “¡Vente! Va a estar muy bien”. «No insistas que no voy a ir». A pesar de sus ojos… Su mirada tiene un brillo especial, como la luz de la nevera cuando estás hambriento. Será el deseo de que me deseen ¿no Jacques? Me gustaría ir, pero no me veo capaz de resistir tanta exposición. Soy un animal de distancias cortas. Alguna vez he estado a solas con alguien, más tiempo del necesario, y mis miedos desaparecen, sin embargo, a la larga es peor: ansío ahogarme en un pozo muy profundo en el que no haga pie, pero siempre me encuentro con un golpe contra el fondo. Gano un chichón en la cabeza que se cura con el tiempo y un “devuélveme la ropa” irreversible.

Ya que mi interpretación de la realidad depende en gran medida del Otro, estoy en mi derecho a castigar sus pecados. El problema que yo veo no es la superficialidad, el problema es la falta de profundidad. Me encantan sus ojos, cuerpos celestes que brillan con luz propia. Definitivamente, me da igual acabar la carrera, quiero meterme dentro de ellos. «Y sin yo saberlo, las ideas de Lacan empezaban a fluir hacia un fin mucho más puro». Si se da demasiada importancia al aspecto exterior del individuo, el exterior acabará dominando al interior, de tal forma que la distancia entre el interior y el exterior será mínima. Amantes estrenando bañador, acabarán nadando en su propia sangre, al caer del trampolín e impactar contra lo que parecía una piscina llena. Ya decía Goethe eso de que si fuera algo más superficial sería el hombre más feliz de la tierra.

La profundidad es una idea que está ampliamente representada por la nevera de un veinteañero que vive solo. “Al menos tienes cerveza”. La verdad es que con mis amigos de toda la vida puedo interactuar sin ningún problema, aunque a veces traen gente a mi casa que se queja de la suciedad con la mirada. La limpieza es una cosa que no tiene importancia para mí. Que unos seres diminutos aniden en la superficie de los muebles no es una cuestión que me remueva por dentro. Las termitas sí. Me preocupa que nunca lleguen a convertirse en mariposas. Y eso que apenas la conozco. Los significantes cambian constantemente de significado. Eso lo entiendo. ¿Cambiará ella constantemente de novio?

Me gustaría que por lo menos llegara a ser mi amante. Bueno, en su defecto, ya tengo quiromante. Una vez al año voy a que me lean la mano. En cada visita analizan en profundidad un aspecto, prefieren que entiendas bien algo, y no que te pierdas con un bombardeo de información. La última vez que fui me dijo que mi monte de Venus era muy “espeso”. Eso significaba que yo era “excesivo” en el deseo y el amor. No sé cómo puede saber detalles psicológicos mirando una simple mano, aunque cierta parte de razón sí tenía. Si mis profesores se enteran de que creo en la quiromancia, no hace falta ni que me presente a los exámenes.

“Ama a tu prójimo como a ti mismo”  dice la Biblia. Y yo digo «claro que sí hombre». Sobre todo cuando sus miradas escupen fuego al verme parado en la calle, observando un pequeño detalle que transmite un significado similar al de la frase “lo de arriba es igual a lo de abajo” y me siento como si estuviera haciendo algo malo. ¿Por qué tengo que subyugar mi personalidad a los valores estándar de la sociedad? Si puedo ver un significado en la cosa más insignificante, es culpa mía, pero que yo me sienta mal por ello, es culpa suya. Lacan juega con la palabra prochain porque sirve tanto para prójimo como para próximo. Exteriormente, lo más cercano a mí es el Otro, hasta el punto de que hay veces que no sé si algo sale de mí o viene de alguien.

Una avispa encima de una mosca, como si estuvieran copulando, pero no, luchan por el mismo trozo de carne en el suelo. Caminando, si eres observador, puedes descubrir diferentes microcosmos con un significado literal, que si eres capaz de transformar, se convierte en el significante de un significado metafórico útil para conocer el macrocosmos. Útil y definitivo. Me permite entender que el universo es un organismo y cada uno de nosotros una extremidad. Hace que me sienta en armonía con todo el universo de tal forma, que la barrera entre el Yo y el Otro desaparece. Pero aunque eso pasa algunas veces, soy incapaz de integrarlo totalmente. El otro día un señor no me abrió la puerta para dejarme pasar y me enfadé.

Prójimo, próximo, prohíbo, prolijo, pro-hijo, prodigio. Cercanas por su forma. Ella no se me acerca nunca. Cuando está sola pienso en abordarla, pero inmediatamente salta el resorte. Mantenerse estático y pasar desapercibido, no hay mejor traje ignífugo. El hemisferio izquierdo buscando excusas para paliar mi incapacidad: “seguro que esa chica por dentro no merece la pena”. El hemisferio derecho contrarrestando: “es preciosa, detrás de esos ojos tiene que haber mil tesoros escondidos”. El hemisferio izquierdo arrojándome desnudo a la cama de un faquir llamado Realidad: “¡pero cómo te va a gustar si no la conoces!”. A veces, es como si no necesitara conocer a alguien en profundidad para saber si hay algo o no. No sabría explicarlo. Ese mensaje que me llega de repente y me dice “atento que con esa chica hay conexión”, no sé de dónde proviene, no localizo los significantes.

“¡Te estás enamorando chaval!”, y no lo digo yo, lo dice Lacan. Aunque no sé si lo dice a nivel real, simbólico o imaginario. Permítame que difiera, creo que simplemente me gusta. Y entonces la flecha de Cupido atravesó el techo de la clase y se clavó, como el marcador de un libro, entre la página ocre ya leída y un desenlace prometedor:

“¿Estás leyendo El extranjero?”

¡Se ha fijado en el libro que llevo! “Sí, lo estoy leyendo para relacionarlo con el trabajo final que tenemos que hacer sobre Lacan. Ya lo había leído antes, es uno de mis libros favoritos”

“Sí, la verdad que está muy bien. ¿Y cómo lo vas a relacionar?”

¿Quiere realmente profundizar o me lo pregunta por cortesía? “Pues… creo que la idea del individuo que no se comporta como la sociedad espera y es juzgado negativamente por ello, está directamente relacionada con la idea de Lacan acerca del Otro”.

“¿Cómo?”

“El Otro es un extranjero para mí, un extraño, pero al mismo tiempo, yo soy extranjero si no me comporto como el Otro exige”

“Suena interesante”

Alcachofas. “Sí, bueno… se hace lo que se puede… ”

Como siga así, mi especie se extingue. “¡Espabila chaval que te quedas en ayunas!”. ¿Esa última frase la ha dicho Lacan o Freud? Tengo que hacer algo para hablar con ella más a fondo, pero tampoco quiero forzar la situación. “Carta de amor”. Lo que me faltaba, no hay nada mejor para hacer el ridículo. Tiene que ser algo natural. El principio de una relación es muy importante. “Chaval, ¿tú eres virgen no?”. Me niego a contestar a esa pregunta.

Y hubo una fiesta. Y sorprendentemente fui. Y no pasó nada, pero compré boletos para la lotería de sus ojos. Y sus ojos no se fijaron en mí pero sonreían. Y sonreían. Y entonces mis ojos se fijaron en su cuello y también sonreía. Y mi cuello se arqueó para ver cómo la primavera a través de su cuerpo sonreía. Su cuerpo sonriente vestía de flor primaveral deseando abrirse para ser olida. Y cada uno de mis dedos quiso ser jardinero. Y regar.

Cada una de las líneas de mi mano soñó con ser leída por sus pétalos. Al final todo se queda en sueño, pocas cosas se consiguen de acuerdo al ideal. Aunque eso no es del todo negativo, Lacan dice que cuando se consigue el ideal, éste deja de serlo, así que lo que lo hace especial es nuestra incapacidad para conseguirlo, su lejanía. Hoy he soñado que me encontraban un tumor, pero los médicos se reían y se ponían a hablar de sacarse el abono-transporte para ir en autobús y no sufrir los atascos diarios. Luego miraba a una esquina de la habitación y aparecían dos bicis, como si los médicos fueran a trabajar en bicicleta. Después miro por la ventana y veo pasar un carruaje con caballos. El carruaje al pasar dejaba una nube de polvo amarillento que entraba por la ventana y entonces me deshacía entre esa niebla arenosa. No sé cómo interpretar todo eso.

Tiene unos pechos tremendos. Unas curvas… Entra en un bar y todo el mundo se gira para mirarla. Luego vuelven a su posición natural y se miran entre ellos haciendo gestos con la cara y diciendo sin ningún disimulo “¡madre mía!”. Todo individuo de esta sociedad tiene un pequeño voyeur en su interior. ¿Por qué son así? ¿No se dan cuenta de que ese físico por dentro esconde mucho más? “Está buenísima, es un pibón” comentan mis amigos. Lo es, pero eso no quita que por dentro merezca la pena. “Pero si no la conoces tampoco puedes imaginarte un interior exquisito”. Eso es cierto, pero tiene que haber algo interesante, esa belleza habla de su interior y refleja que lo de dentro es más bello todavía por el simple hecho de estar oculto. “Tú lo que quieres es que te coma el tigre”. No sé, quizá lo único que busco es descubrir sus profundidades.

Una persona íntegra es aquella en la que lo de fuera expresa perfectamente lo de dentro. Es decir, hay una armonía absoluta entre el interior y el exterior. La obra de arte perfecta es aquella en la que la forma y el contenido están en armonía. No se puede exigir nada de esto, pero tampoco se debe interpretar la realidad asumiendo esta integridad como algo inherente a todas las cosas. La palabra perfecta es libélula. Es extraña y bella al mismo tiempo, exactamente como el insecto al que se refiere.

Las profundidades psicológicas del ser humano están dominadas por el sexo. O eso pensaba Freud, de nombre Sigmund, que viene como un guante. Así que si sueñas con el canasto de frutas de tu abuela, “significa sexo reprimido mi querido compatriota”; con la bicicleta roja que tuviste en tu infancia, “eso es claramente sexo, piensa en las ruedas y el rojo”; con Bugs Bunny escapando del cazador mientras come zanahorias, “¡das ist Sex!”; con el roce agitado de dos cuerpos de carne llamados manos que buscan calentarse en invierno, “¡sexo!”. Me rindo, no quiero excavar más. Me gustan mucho sus ojos, con ese brillo inalcanzable, sus pechos, su cuello, sus labios sonrosados, “amigo mío… eso no son gustos, son síntomas”.

La sorpresa viene cuando te das cuenta de que todo lo que está fuera de ti refleja lo que eres por dentro. Absolutamente todo. Tanto lo que creas, como lo que recibes pasivamente. Macrocosmos, microcosmos. Porque una mirada a tu alrededor solo va a percibir lo que llevas dentro. La mirada busca patrones que coincidan con el filtro de realidad de la persona. La personalidad de tus amigos, tus comidas favoritas, los libros que hay o no hay en el salón, los olores que te marcan, las melodías que te emocionan… son zapatos que solo tu pie puede calzar. Cuanto más complejo el individuo, más específico será el matiz. Ahora bien, hay cosas comunes a todos. Lo que los griegos llamaban arquetipos. La complejidad retuerce al arquetipo y dificulta su comprensión. Toda esa complejidad etiquetada como caos viene del macrocosmos. Importante: “lo de arriba es igual a lo de abajo”. Lo que sucede a nivel global también sucede en nuestro interior. Digamos que si cada individuo reflexionara sobre sí mismo, conseguiría una especie de globalización interior que no sería otra cosa que la armonía interna donde el Otro dejaría de existir porque sería parte del Yo. El exterior y el interior, un Yo frente al universo. Ideas caducas, se percibiría todo el universo como un organismo. Y es que entre el dedo índice acusador y la planta del pie que te estabiliza, no hay distancia.

Y desde entonces iba a toda fiesta a la que iba mi diosa. Y hubo otra fiesta. Y no pasó nada, pero bebí mucho para dejar de ser Yo y convertirme en Otro. Y bebí más. Y me creí mucho más guapo y simpático de lo que realmente era. Y bebí más. Y dejé de creer en loterías. Me acerqué a ella. Y ella estaba hablando con unos amigos. Y ella se reía mucho con sus amigos. Y sus amigos y yo nos reíamos con ella. Y la gente empezó a marcharse. Y la fiesta terminó. Y ella dijo “apáguese la luz”. Y se acostó con Otro.

“En el sueño empiezo viendo una montaña a lo lejos. La montaña está cubierta de nubes y se ve muy oscura, me hace sentir triste. Luego me doy cuenta de que estamos en medio del mar, en un día soleado, el cielo azul sin una nube. Aparecemos ella y yo en un barco de vela. Tengo la sensación de que el barco es mío. Entonces le digo que suba la vela por el mástil y cuando está tirando de la cuerda se cae de culo. Justo después me despierto”.

 

 

 

 

 

 

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